Pedro Ingelmo

Se acabó la música

En la temporada de primavera-verano, la potente de música en vivo, en la provincia se celebran una veintena de festivales, a los que hay que sumar centenares de bolos en bares, salas de conciertos y chiringuitos. Aunque nadie puede fijar una cantidad de lo que puede mover este sector en la provincia, una pequeña multiplicación nos va a arrojar centenares de puestos de trabajo y el sustento de los músicos, que en estos meses sacan la mayor parte de sus ingresos para el resto del año. El ocio es una notable industria. Todo eso está en peligro no sólo este año, sino para mucho más tiempo. Como dice Tali Carreto, de La Mota: “Nuestro negocio es el calor humano y ahora el calor humano cotiza a la baja”.

Las lecciones del confinamiento

La brecha digital se ha convertido de repente en el gran problema de la educación, pero el problema era otro y venía de antes. Los años de inversión en digitalización se han demostrado inútiles en estos quince días de confinamiento. Los profesores han tenido que adaptarse a todo correr a las nuevas formas de conexión con los alumnos utilizando sus propios medios. La carencia de medios tecnológicos en las casas ha sido de una minoría y se están pudiendo resolver. La falta de colaboración familiar ha sido más grave que la falta de medios. Y se ha descubierto otro modo de crecimiento curricular, más allá de la transmisión de conocimientos. Hemos entrado, a la fuerza, en otra era.