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Por una sociedad sostenible y 'slow value'

Por una sociedad sostenible y 'slow value' Por una sociedad sostenible y 'slow value'

Por una sociedad sostenible y 'slow value' / rosell

Losdebates nacionales y supranacionales sobre la futura sociedad postCovid no pueden sostenerse en plataformas tecnológicas asaltables, cuyos titulares sólo están interesados en ampliar el número de sus miembros para explotar sus datos, ya que la clave de su modelo de negocio no está tanto en sus clientes como en sus usuarios. En el caso de España, es imprescindible cualificar el diálogo social y político entre los ciudadanos y sus representantes en las instituciones legislativas y ejecutivas, tanto a escala local -concejales electos y alcaldes designados-, como provincial -diputados designados-, como autonómica -diputados electos y responsables designados del Ejecutivo-, como nacional -diputados al Congreso electos y senadores electos y designados, y miembros del Ejecutivo naciomal designados- y eurodiputados electos. Esto sólo será posible mediante redes singulares dedicadas exclusivamente a la comunicación directa y permanente entre representantes y representados, lo cual estaría hoy al alcance de nuestras manos, siempre que se garantizara la independencia y la neutralidad de las mismas.

En buena medida, de dicho diálogo sosegado deberían salir no pocas de las ideas sobre las que construir, apuntalar y perfeccionar un nuevo sistema sociopolítico para la organización de una sociedad que nos ofrezca la posibilidad de poder disfrutar de un futuro sostenible en todas sus dimensiones, en un escenario globalizado e intensamente tecnificado, que se enfrente al reto de romper de una vez por todas con la maldición del trabajo como un castigo divino, en el que desarrollar nuestro potencial como seres con capacidad de raciocinio.

Esta nueva sociedad ha de ser el fruto de una catarsis ciudadana que nos permitiera tomar conciencia de nuestra fragilidad como animales evolucionados que somos gracias al azar y a nuestro instinto de supervivencia, a la que uno de los muchos microorganismos diminutos e invisibles que conviven con nosotros mediante el "uso parasitario" de nuestro organismo, necesita nuestras células para sobrevivir, está poniendo en jaque nuestra propia viabilidad como especie. No deberíamos volver a encontrarnos corriendo detrás de los acontecimientos para tan sólo poder ofrecer soluciones a corto plazo ya practicadas en la Edad Media, tal como está ocurriendo en todos los países del mundo en este momento.

Es clave afrontar el mañana como una verdadera revolución, y no sólo apostar por una mera restauración de la sociedad preCovid, ya que por el contrario cerraríamos la crisis en falso y correríamos el peligro de la desaparición de la humanidad cuando a la vuelta de la esquina nos enfrentáramos a alguno de los próximos retos planetarios: nuevas y muy nocivas pandemias y lo que que podría ser el último desafío, una emergencia climática acelerada por el derroche y el maltrato de los humanos al único ecosistema que, hoy por hoy, nos permite disfrutar de un elan vital. No olvidemos que los eventos de alto impacto y baja probabilidad también forman parte de la realidad.

No comparto algunas opiniones que afirman que la sociedad post-Covid será low cost; más bien creo que, además de sostenible -o sea, basada en un equilibrio general entre la especie humana y la técnica con la naturaleza--, será una sociedad slow value, más allá de una mera sociedad del valor, cimentada a partir de la dialéctica sosegada y la reflexión ética, construida sobre el pilar del avance de las potencialidades cognitivas del ser humano, en la que disfrutaremos más y mejor de los bienes materiales y, sobre todo, gozaremos de un notorio desarrollo de nuestras aptitudes.

Por otra parte, una gobernanza mundial que se fijara como objetivo alcanzar un humanismo tecnológico que pusiera en todo momento la técnica al servicio del hombre y nos evitara la tentación de alterar el proceso evolutivo del ser humano, sobre la base de una libertaria decisión política a la hora de introducir modificaciones tecnológicas en nuestro código genético, es ahora más imprescindible que nunca.

Uno de los objetivos de la sociedad postCovid debería ser el alumbramiento de un nuevo orden económico mundial en el que la actividad empresarial dejara de ser binaria, basada casi exclusivamente en la oferta y la demanda, pasando a ser mucho más compleja, más allá de la mera producción y venta de bienes y servicios, por una parte, y el consumo de los mismos, por otra, con profundas y variadas interacciones en ambas direcciones, dando un mayor peso específico a su valor de uso que hasta ahora, asi como la presencia y participación más activa de un neocapital social cualificado en las decisiones y los resultados empresariales.

Finalmente, apuntar que el Homo sapiens está llamado, más pronto que tarde, a transformarse en un Homo tecnologicus. Pero, para este último, la técnica tendría que ser un instrumento esencial para el avance de la sociedad y no un fin en sí misma, que permitiera la materialización de la utopía de convertirnos en seres más inteligentes y más libres a la vez y con voluntad firme de neutralizar el peligro que representa la emergencia de un dios algorítmico que nos condujera por la senda del transhumanismo.

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