Tribuna

Daniel guerra sesma

Politólogo. Profesor de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales

Un nuevo periodo de incertidumbre

No caben grandes expectativas. Más que un tiempo nuevo, se abre un período transitorio hacia unas elecciones que marcarán el estado político real de la nación

Los apoyos recibidos por Pedro Sánchez en la moción de censura han sido para echar al PP del Gobierno, no para gobernar. Han sido apoyos coyunturales y heterogéneos para una moción de censura instrumental con vistas a convocar elecciones legislativas a medio plazo, no inmediatamente como pedía Ciudadanos. El artículo 177.1 del Reglamento del Congreso señala que el candidato a Presidente se presenta con un programa de gobierno, pero en este caso se limitó a algunas generalidades: aprobación de determinadas leyes, derogación de otras, mantenimiento de los compromisos europeos, y convocatoria electoral cuando se ejecuten los presupuestos inicialmente aprobados. Un programa más definido le habría restado parte de esos apoyos.

La sentencia de la Gürtel acabó con el Gobierno de Rajoy. Ha sido el detonante de una operación política improvisada ante lo que el tribunal ha descrito como un sistema corrupto desarrollado por el Partido Popular, aun sin condenarlo penalmente. La falta de reacción del PP y la acumulación de otros casos de corrupción llevaron a la dirección del PSOE a decir basta y a ofrecer al resto de grupos un relevo sin más compromiso aparente que abrir un nuevo contexto político. El tiempo aclarará el alcance de los pactos que pueden haberse dado.

No caben grandes expectativas. Más que un tiempo nuevo, se abre un período transitorio hacia unas elecciones que marcarán el estado político real de la nación. El propio Sánchez reconoció en el debate las circunstancias especiales que rodean su acceso al poder. Formará un gobierno socialista con el soporte explícito de ochenta y cuatro diputados, para una acción de gobierno limitada que tendrá que buscar el apoyo de Podemos, PNV y partidos separatistas catalanes.

Y que generará también la dura oposición de un Partido Popular despechado y un Ciudadanos en crecimiento. Veremos las consecuencias que depara la nueva situación para el PP: si se adapta a ella y la aprovecha para reorganizarse y reorientar su discurso, o si se abre una crisis de liderazgo y de definición ante la pujanza de C's.

Ha insistido el nuevo presidente en el concepto de diálogo con respecto a Cataluña, que quiere enmarcar en una nueva perspectiva de reforma constitucional, aún muy difícil. Cabe pensar en un diálogo entre PSOE y PDCat, partido heredero de la antigua CDC y que mantiene diferencias con Junts per Catalunya, aunque forman parte de la misma coalición. A su vez, sectores de ERC apuestan, fracasado el intento de secesión unilateral, por recuperar la mayoría soberanista en torno a la idea del referéndum pactado, incorporando a los Comuns y, si es posible, también al PSC. Ya advirtió Sánchez que el PSOE no acepta el derecho a decidir, y que su concepto de plurinacionalidad es más matizado, acaso más difuso, que el de Podemos. Pero algunos de esos actores pueden aprovechar el nuevo contexto, con todos sus límites, para intentar vías de diálogo tras la formación del nuevo Govern y el levantamiento del 155, rebajando la tensión, negociando una nueva financiación e intentando desjudicializar, en la medida de lo posible, algunos aspectos: veremos, por ejemplo, si hay nuevas indicaciones desde la fiscalía sobre la situación de los presos. O si se suspende la intervención económica de la Generalitat. En todo caso, una cierta normalización del conflicto reduciría la influencia política de Puigdemont, basada en el enfrentamiento directo con el Estado.

Sánchez abogó por respetar los compromisos europeos, que pasan por el control del déficit y la aplicación de unos PGE que ambos rechazaron. Como en Portugal, las posibilidades de la socialdemocracia aumentan en contexto de crecimiento, pues hay más recursos para distribuir y autonomía para establecer prioridades de gasto. Pero nuestra situación económica, de leve recuperación vigilada por Bruselas, y los límites marcados por los PGE, solo permiten aquellas iniciativas en política social que no rompan el cuadro macroeconómico general. Veremos cómo afecta esto a la relación entre el PSOE y Podemos, y si éstos exigen su entrada en el Gobierno a medio plazo.

Rajoy no esperaba el acuerdo de los partidos de la oposición, teniendo en cuenta que hace un año no lo hicieron para investir al mismo candidato. Pero la moción ha sido excepcional, en una circunstancia excepcional y provocada por una sentencia excepcional.

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