Tribuna

José Luis de Justo Alpañés

Presidente de la Real Academia Sevillana de Ciencias

Fray Junípero Serra y California (I)

LA historia de California comenzó con los nativos americanos que llegaron a California hace unos 19.000 años. La exploración y asentamiento de los europeos a lo largo de las costas y de los valles del interior comenzó en el siglo XVI y se desarrolló a partir del siglo XVIII.

El nombre de California proviene de un lugar imaginario mencionado en Las Sergas de Esplandián, novela de caballerías de Garci Rodríguez de Montalvo, publicada en 1510: "Es conocido que a mano derecha de las Indias hay una isla llamada California, muy cerca de esa parte del paraíso terrenal, que está habitada por mujeres negras, sin un solo hombre entre ellas, que viven al estilo de las amazonas". Fortún Jiménez denominó isla de California al extremo inferior de la península de Baja California cuando desembarcó allí en 1534 por mandato de Hernán Cortés. Más adelante el nombre se extendió también a la Alta California, descubierta por los españoles en 1542, cuando Juan Rodríguez Cabrillo echó anclas en la Bahía de San Diego y su expedición viajó hacia el norte, llegando hasta el Cabo Mendocino. Los españoles se desinteresaron del territorio al convencerse de que no albergaba riquezas.

Aparte de más viajes exploratorios por mar, desde el interior de Méjico, el Padre Eusebio Francisco Kino, jesuita, fue el primer sacerdote católico que llegó a California en 1701, cuando cruzó el Río Colorado, cerca de Yuma, para predicar a los indios.

El interés de España se espoleó de nuevo en 1734, al llegar informes de que Rusia quería expandirse hacia el sur desde sus asentamientos en Alaska.

En 1769, Juan Pérez navegó desde San José del Cabo en la Baja California y llegó a la Bahía de San Diego, con una compañía de soldados, dos frailes franciscanos y los artesanos necesarios para establecer una colonia. El segundo barco de la expedición llegó con una tripulación enferma de escorbuto, que tuvo que ser ayudada para desembarcar. Desde Méjico y a través del desierto llegó hasta la Bahía de San Diego, tras 54 días de marcha, una primera columna con más soldados, colonos y ganado, en el mes de marzo. El 1 de julio llegó una segunda expedición, comandada por Gaspar de Portolá, acompañado de una persona trascendental en la historia de California, el franciscano fray Junípero Serra, que fundó el primer asentamiento permanente en California. Entre 1769 y 1784, año en que falleció, llegó a fundar otras ocho misiones en la región. Se estima que para el año 1810 en las misiones había unos 20.000 neófitos.

Traían el mandato de Carlos III de redescubrir y poblar las bahías de San Diego y Monterrey. Portolá pasó sólo dos semanas en la nueva colonia antes de partir para establecer más asentamientos.

Mientras exploraba el terreno, fray Junípero estableció la Misión de San Diego de Alcalá, la primera de 21 misiones que se fundaron en la Alta California. A pesar que el religioso lograría fraternizar con los nativos, unos 800 indios irrumpieron en la misión el 4 de noviembre de 1775, asesinando al padre Luis Jaume, considerado el primer mártir católico en California, y a un carpintero.

En 1770, el gobernador Portolá estableció un puesto militar llamado Presidio y una colonia en la Bahía de Monterrey. Fray Junípero inmediatamente fundó la Misión de Monterrey, adyacente al Presidio. Tan pronto como volvió a la Bahía de San Diego, el gobernador Portolá navegó hacia Méjico, para quejarse de la tierra que gobernaba y del programa de colonización, que no le parecía atractivo para futuros colonos.

Las misiones fueron la base de la colonización del nuevo territorio. Cada una tenía su propia tierra, ganado y huerto. Los franciscanos que operaban en la Alta California recogían en sus misiones a cuantos indios podían reunir. Los neófitos, como eran llamados, cuidaban el ganado y cultivaban los huertos. Se les enseñaban las técnicas de irrigación, a tejer y a construir edificios de piedra, todo lo necesario para sostener las misiones. Además, los indios recibían la palabra de Dios.

Por ejemplo, la Misión de San Fernando, en 1819, tenía una población de 1.080 neófitos y producía uvas, trigo y otros cereales, lana para los telares indios, de más de 7.000 ovejas. Los indios adscritos a la misión curtían cueros, fabricaban zapatos, sillas de montar y otros accesorios ecuestres (v. Leadabrand et al., 1975).

Los indios estaban legalmente unidos a sus misiones. Para los padres franciscanos, el sistema de misiones era exactamente lo que los indios necesitaban. Rescatados del paganismo, se convirtieron en expertos artesanos.

El segundo factor de civilización en California fueron los presidios, pequeñas guarniciones militares, alrededor de las cuales se situaron los colonos.

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