La seguridad es la base de la paz social

Lo de Casariche se puede considerar casi una anécdota, pero situaciones como ésta se pueden descontrolar

Casariche ha vivido horas de extrema tensión social por el intento de linchamiento a un detenido que fue sorprendido mientras, presuntamente, intentaba robar en un domicilio del pueblo sevillano. La condición rumana de los ladrones (uno de ellos consiguió escapar) hizo que, por un momento, sobrevolase esta localidad el fantasma de la xenofobia, más teniendo en cuenta los pasados acontecimientos en el cercano municipio de Pedrera, hace ahora un año, cuando una agresión de un grupo de rumanos a un ciudadano español degeneró en una auténtica persecución a vecinos de esta nacionalidad que nada tenían que ver con los hechos. Sin embargo, hasta el momento, tanto la Guardia Civil como el alcalde, el socialista Basilio Carrión, han conseguido reconducir la situación. En especial hay que destacar la actuación del regidor, quien supo actuar con la calma que requería su cargo, haciendo un llamamiento a sus vecinos para que se calmasen los ánimos y no se produjesen "actuaciones que tengamos que lamentar todos". En unos momentos en los que vemos actuar como pirómanos a altísimos cargos políticos de todo el mundo, resulta reconfortante ver a un humilde alcalde andaluz actuar con responsabilidad e inteligencia.

No hay que magnificar los sucesos de Casariche. Situaciones como esta no son nuevas y, muy probablemente, las volveremos a ver en otros municipios en los próximos tiempos. Pero hay que sacar conclusiones. La más importante de estas es que el motivo de este episodio ha sido la sensación de inseguridad que viven desde hace tiempo los habitantes de la Sierra Sur de Sevilla, con varios robos con violencia. La Guardia Civil investiga si el detenido tiene algo que ver con estos, como se sospecha. Una vez más, por tanto, hay que recordar que la seguridad es la base de toda paz social. Sin seguridad, las tensiones y estallidos de ira ciudadana son sólo cuestión de tiempo. El campo andaluz se queja de los muchos problemas de inseguridad que sufre, y es misión de la Delegación del Gobierno tomarse en serio sus reivindicaciones y estudiar sus posibles soluciones.

Lo de Casariche se puede considerar un suceso menor, pero hay que ser muy conscientes de que situaciones como ésta se pueden descontrolar fácilmente. Las administraciones deben evitarlas, tanto asegurando la seguridad para todos los ciudadanos como haciendo la pedagogía necesaria para que se comprendan que las responsabilidades penales son siempre individuales, nunca colectivas.

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