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El precio de la radicalidad

El engaño de Pedro Sánchez a la sociedad española cuando aseguró reiteradamente que nunca pactaría con Bildu puede salirle mucho más caro de lo que piensa

El sondeo realizado por DYM para este diario indica que, de celebrarse hoy las elecciones, se produciría un vuelco en la situación política nacional. De esta manera, los tres partidos de la derecha y el centroderecha (PP, vox y Ciudadanos) sumarían escaños suficientes para poder gobernar con mayoría absoluta si mediase un pacto similar, pero no necesariamente idéntico, al que actualmente existe en Andalucía, cuyo correcto funcionamiento, más allá de algunas trifulcas concretas, nadie puede poner en duda. En general, se observa un claro desplazamiento del voto desde el PSOE hacia posiciones más de derechas, tanto a Ciudadanos como al PP. Esto, más el deterioro de Unidas Podemos, es lo que provoca el vuelco del Congreso desde la izquierda a la derecha (las cifras concretas fueron publicadas ayer en la edición de papel y se siguen mostrando en la página web de este periódico). Es muy importante reseñar que, según la encuesta de DYM, la fidelidad de los votantes hacia el PSOE es la más baja de las medidas hasta ahora. Todo indica que son dos las causas que están provocando el desgaste acelerado del Ejecutivo. La primera es sus negociaciones con formaciones de carácter sumamente radical para sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado. Los españoles no entienden que su Gobierno, por muy de izquierdas que se considere, se siente a pactar con partidos como Bildu, plagado de políticos que hasta ayer formaban parte del entramado de ETA, o ERC, cuyos líderes están en prisión por delito de sedición y sin mostrar ningún arrepentimiento, sino todo lo contrario. Tampoco, que el presidente Sánchez haya engañado sin ningún escrúpulo a la sociedad española al prometer una y otra vez que "nunca" pactaría con Bildu, una estratagema que le puede salir muy cara, mucho más de lo que piensa. La segunda causa del hipotético vuelco es que los ciudadanos no consideran acertada la gestión de la pandemia que está haciendo el Gobierno. Tampoco la de las autonomías, aunque éstas salen mejor paradas. Difícil es que una crisis como la actual no desgaste a un Ejecutivo, pero la encuesta apunta a una auténtica fatiga de materiales que acabaría con el autodenominado Gobierno de progreso.

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