¿Quién debe controlar las 'fakes'?

El control de las noticias falsasdebe ser liderado por organismos y personas independientes que no estén sometidos a la disciplina del Gobierno

La difusión de noticias falsas, también llamadas por su nombre en inglés, fakes news o fakes a secas, se hanconvertido en los últimos tiempos en un problema de primera magnitud para las democracias liberales. En España, sin ir más lejos, durante el procés catalán, los servicios de Inteligencia detectaron cómo potencias extranjeras estaban usando las redes sociales para difundir todo tipo de mensajes tóxicos e inciertos con el único empeño de debilitar al Estado y favorecer los intereses de los sediciosos. Por lo tanto, es normal y deseable que, como obliga la Unión Europea, se articulen instrumentos para controlar un problema vital para la seguridad nacional. En esta dirección, el Gobierno de Pedro Sánchez aprobó ayer un procedimiento de actuación contra las fakes mediante el cual monitorizará la información y podrá solicitar colaboración a los medios de comunicación para perseguir la "difusión deliberada, a gran escala y sistemática de desinformación, que persigue influir en la sociedad con fines interesados y espurios". Para ello, el Ejecutivo ha elaborado una estructura compuesta por el Consejo de Seguridad Nacional, el Comité de Situación, la Secretaría de Estado de Comunicación, la Comisión Permanente contra la desinformación, las autoridades públicas competentes y, por último, el sector privado y la sociedad civil. El único pero que se le puede poner a esta estructura es el apabullante peso de los organismos sometidos a la disciplina del Gobierno, que no hay que olvidar es parte interesada en el juego político y, por tanto, sometido a tentaciones de manipulación de la información. En este sentido, sería deseable que el mayor peso del control de las fakes recayese en organismos e instituciones independientes y, por supuesto, en los profesionales de la información a todos sus niveles. Sí es necesario un estricto control de las noticias falsas, así como el compromiso del Ejecutivo en esta labor, pero sin una posición de superioridad en dicha estructura. En estos tiempos, la tentación de una deriva iliberal, con este o cualquier otro Gobierno, siempre va a ser una posibilidad. De hecho, si hiciésemos un examen detallado del uso de las redes sociales por parte de algunos miembros del actual Ejecutivo y sus apoyos apenas llegarían al aprobado.

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