La crisis del coronavirus y las grandes fiestas

La suspensión de las fiestas andaluzas de primavera, de gran importancia emocional y económica, deben estar muy justificadas

Desde que el Mobile World Congress de Barcelona decidió no celebrar su edición de 2020 por el alto riesgo de una pandemia de coronavirus, muchos son los eventos de pequeño y medio formato que se han suspendido en el mundo, España y Andalucía. En este sentido, el Comité Ejecutivo Ampliado de la Unión de Médicos Especialistas Europeos (UEMS) ha tomado la decisión de aplazar la Conferencia de Sevilla, prevista para los próximos días 6 y 7 de marzo, lo que evidentemente no es una buena noticia para una ciudad que, como tantas de Andalucía, tiene en el turismo (también el de congresos) una de sus principales fuentes de empleo e ingresos. A estas altura a nadie se le escapa que la crisis mundial que está provocando la aparición de esta enfermedad infecciosa, cuya evolución y alcance es todavía un gran misterio, no sólo es una cuestión de salud, sino que también tiene importantísimas consecuencias en la economía, afectando a unas cadenas de valor que, en un mundo globalizado como el nuestro, se desarrollan en diferentes países. Así, vemos como están parando su actividad factorías que se ven desabastecidas debido a la acción del coronavirus en China, país conocido como "la fábrica del mundo". En el turismo esta crisis es también evidente, con suspensión de vuelos, reservas hoteleras y, como hemos apuntado, eventos de diferente índole. En este contexto es en el que ha nacido la inquietud en diferentes ciudades andaluzas por la celebración de algunas de sus fiestas más importantes de primavera y verano, como la Semana Santa o las ferias. De hecho, ya se ha abierto el debate, algunas veces de una forma un tanto irresponsable, sobre si es conveniente celebrar unos eventos que congregan a cientos de miles de personas, con el consiguiente riesgo de contagio y propagación del coronavirus. En este debate hay que tener muy en cuenta la importancia que dichas fiestas tienen en la práctica totalidad de las localidades andaluzas, tanto por su dimensión tradicional y afectiva como por su elevado aporte a unas economías que no siempre están boyantes. Por tanto, cualquier decisión de suspensión o limitación de estos eventos debe estar plenamente justificada. Como dijo ayer Inmaculada Salcedo, portavoz del Grupo de Seguimiento de Coronavirus en Andalucía, "actualmente no hay ningún motivo para suspender actos como la Semana Santa". Ahora bien, si la situación cambiase, todos deberíamos hacer un ejercicio de comprensión. Ante todo, deben imperar la calma y la confianza en las autoridades.

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