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Los candidatos se enrocan en el bloqueo

Los candidatos parecen no haber aprendido la lección y se empeñan en no facilitar un pacto de gobernabilidad

La principal incógnita que no se despejó en el debate de los candidatos del pasado lunes fue el posible juego de alianzas para formar Gobierno tras las elecciones generales del próximo domingo. De hecho, la única justificación que tiene este 10-N es la de dar otra oportunidad a la clase política para que consiga, una vez descartada la posibilidad de que algún partido gane por mayoría absoluta, pactar un Gobierno estable con el que encarar los muchos y graves problemas que tiene España. Sin embargo, por lo visto el lunes, los candidatos están dispuestos a persistir en el mismo error de la pasada y fugaz legislatura y dan muestras de seguir en la dinámica de bloqueo, en un enroque político que sólo puede agravar aún más problemas como el de una economía en evidente desaceleración o la crisis catalana. Sólo queda la esperanza de que estas posturas se deban a meras estrategias electorales y que, una vez que sepamos el mandato definitivo de las urnas, los candidatos se muestren mucho más flexibles en sus posturas, posibilitando la creación de un Ejecutivo solvente y moderado. Lo contrario condenaría a España a volver a los colegios electorales y el descrédito de la clase política se dispararía, con todo lo negativo que esto supone para la estabilidad de nuestra democracia.

Más allá de esta reflexión, y al margen de cuáles fueron los candidatos que estuvieron mejor o peor en el debate (algo que suele variar según la parroquia política), lo cierto es que se observó un exceso de presencia de la cuestión catalana. Nadie duda de lo importante que es el problema territorial y la crisis actual en Cataluña, pero los políticos deberían impedir que ésta contamine absolutamente todos los asuntos. Por contra, se echó en falta un mayor diálogo sobre cuestiones fundamentales de nuestro tiempo, como la sostenibilidad del sistema de pensiones o la creación de empleo en una economía cuesta abajo. Es cierto que el formato "a cinco" no favorece el debate fluido, pero en estas cuestiones los candidatos apenas se limitaron a repetir una serie de consignas sin apenas profundidad.

Aparte hay que dejar claro que el horario de emisión del debate (que acabó a la una de la madrugada) fue sencillamente impropio de un país civilizado, en el que la gran mayoría de los ciudadanos tienen que madrugar al día siguiente para atender sus obligaciones laborales. Una vez más hay que pedir a las televisiones que diseñen, en general y no sólo en estos casos, unos horarios más acordes con la conciliación familiar y laboral.

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