Erasmus, un pilar de la construcción europea

La Junta de Andalucía, en la medida de sus posibilidades, debe hacer lo posible por aumentar las ayudas Erasmus

La S conocidas como becas Erasmus han sido y son uno de los pilares básicos de una construcción europea a la que todavía le queda mucho camino por recorrer. Sobre todo porque ha permitido forjar entre los jóvenes lo que no tuvieron sus padres y abuelos, una conciencia de pertenecer a un espacio geográfico, cultural y político común: Europa. Igual que el servicio militar sirvió para forjar, a partir de la Revolución Francesa, las identidades nacionales, al obligar a los jóvenes de las diferentes regiones de un determinado país a convivir y, por tanto, conocerse y estrechar lazos de amistad, las ayudas Erasmus, en las tres últimas décadas, han permitido que la juventud universitaria de la UE haya ido desarrollando una conciencia europeísta que no se basa tanto en la teoría (que también) como en experiencias vitales que provocan emociones fundamentales en la generación de una identidad común. No se ama lo que no se conoce, y el programa Erasmus, junto a otras iniciativas como el Interrail, ha ayudado a los universitarios de la UE a conocerse entre ellos y, sobre todo, a sentirse ciudadanos de todo el territorio europeo.

Por tanto, nos parece lógica y deseable la decisión de la Junta de Andalucía de mantener para este curso las ayudas de 11,5 millones de euros para el fomento de la movilidad académica europea, destinadas a los alumnos andaluces que participan en el programa Erasmus. Es más, el Gobierno presidido por Juanma Moreno, en cuyas filas hay consejeros de contrastada formación internacional y cosmopolita, debería aumentar en lo posible dichas ayudas, que el pasado curso beneficiaron a más de 6.500 universitarios.

El consejero de Economía, Conocimiento, Empresas y Universidad, Rogelio Velasco, mostró durante su reciente intervención en el Foro Joly su convicción de que es necesario abrir Andalucía y su juventud universitaria al mundo. Las ayudas Erasmus son una forma de avanzar en esta dirección. Más en unos momentos en los que los populismos de diverso cuño, que están arraigando en la mayoría de los países del Viejo Continente, están haciendo todo lo posible por inocular en la ciudadanía el virus del euroescepticismo, una enfermedad también fomentada por aquellos a los que les interesa una UE débil y dividida, incapaz de hacer valer sus altos valores sociales, políticos y económicos en el panorama internacional. Las becas Erasmus, como decíamos, son parte de la solución.

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