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Elecciones: esta vez no se puede fallar

En esta campaña deben primar el tono mesurado y las propuestas positivas. Se acabaron los cordones sanitarios

Una vez que se ha constatado el fracaso de los partidos políticos para articular una mayoría parlamentaria que garantice un Gobierno estable y centrado, es el momento de pensar en las próximas elecciones generales que, ya sabemos con total seguridad, se celebrarán el 10 de noviembre. Nuestros representantes deben ser muy conscientes de que el crédito de confianza ciudadana se les ha agotado y que de los próximos comicios, aunque mal y tarde, debe salir definitivamente un Ejecutivo que pueda encarar en los próximos cuatro años los graves problemas internos y externos que tiene España (Brexit, procés, amenaza de crisis económica, etcétera). Para ello es importante que, durante la campaña que ya ha empezado de facto, no se comentan los errores del pasado. En resumen, todos los partidos deben evitar la crispación política y los mensajes demasiado radicales que minen un posible entendimiento tras el 10 de noviembre. También los vetos absurdos a otras formaciones constitucionalistas. Todos los partidos deben estar libres de compromisos que puedan entorpecer, en un momento dado, un Gobierno de consenso. En esta campaña deben primar el tono mesurado y, sobre todo, las propuestas positivas. Se acabó el momento de los anti y de los cordones sanitarios. Es mucho lo que España se juega en las próximas elecciones y no se puede seguir convirtiendo el ruedo político en un patio de colegio donde los líderes se dedican a escenificar peleas y desencuentros de una manera pueril. La actual fragmentación parlamentaria no puede seguir siendo una excusa para que sus señorías no cumplan con su obligación de elegir un Gobierno. Entre todos los partidos democráticos y moderados hay muchos elementos de coincidencia que hay que explorar y explotar. Es el momento de que los dirigentes de los partidos demuestren su madurez, su patriotismo y sentido de la responsabilidad, como líderes y como personas. Cuatro elecciones generales en cuatro años es un número demasiado alto. Cinco sería intolerable.

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