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Daño importante al prestigio de la universidad

El espectáculo de los másteres está siendo desolador y la ciudadanía se mueve entre la estupefacción y el sarcasmo

En los últimos tiempos hemos asistido en España a una batalla entre los partidos políticos cuya principal munición ha sido la falsedad o no de los títulos académicos de algunos de sus líderes. Acusaciones de plagios o de lograr diplomas pese a no haber ido a clase o no hacer los trabajos que se exigían han copado los medios de comunicación durante los últimos meses alcanzando, incluso, al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez -un asunto que parece que se desinfla-, o al líder de la oposición, Pablo Casado, que puede ser imputado por el Tribunal Supremo en breve. Por el camino hemos visto dimitir a toda una ministra de Sanidad, Carmen Montón, y a una presidenta de una autonomía tan importante como la de Madrid, Cristina Cifuentes. El espectáculo de los másteres está siendo desolador y la ciudadanía se mueve entre la estupefacción y el sarcasmo, aumentando claramente su desafección hacia la clase política y las instituciones democráticas. Con el tiempo, el control de los periódicos y la acción de la Justicia se irán dirimiendo las verdaderas responsabilidades de unos y otros, como ya se ha visto en los casos de Montón y Cifuentes, pero podemos decir que la credibilidad de algunas instituciones ha quedado muy dañada, entre ellas la de la universidad española.

Casos como los de Cifuentes o Montón han hecho que la opinión pública se pregunte en voz alta si la universidad está realizando su labor con la eficacia y el rigor necesarios. La impresión es que el problema de las titulaciones obtenidas sin apenas esfuerzo por parte de los estudiantes y los profesores, con trabajos de muy escasa calidad, va más allá de la Rey Juan Carlos (aunque en esta universidad madrileña el problema adquiere dimensiones muy preocupantes). Ya no vale escudarse en el manido recurso de "defensa de la universidad pública" para seguir hurtando un debate que la sociedad está exigiendo. Con esta crisis las titulaciones españolas han quedado bajo sospecha ante nosotros mismos y ante el exterior. Lo peor es que son muchos los profesores que reconocen la muy escasa calidad de muchas de las tesis doctorales que se leen en el país. Es por tanto urgente que, más allá de los casos concretos, la universidad reaccione con vigor para retomar la senda de la calidad y la excelencia que nunca debió abandonar. Paralelamente, la clase política debe hacer una profunda autocrítica. Todo aquello que toca termina, de una u otra forma, manchado y envuelto en la polémica. Cada vez más, los políticos son un problema para el país.

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