La hache intercalada

Pilar / Paz

No vuelva a suceder

ES lo menos que podemos desear al despertarnos, todavía suena en el duermevela del nuevo día frases como aquella de quien había perdido "toda la vida", dicha por un granjero con agua hasta la cintura y dentro de una inmensa laguna donde asomaban los campanarios y veletas junto a restos de ganado y árboles flotantes.

El café y su sabor nos ayuda a destejer el resto del sueño, mucho antes de la ducha matinal o inmediatamente después. En esas horas persiste el deseo de que aquello que tememos no ocurra, ni hoy, ni nunca, ni para nadie.

Pero ha ocurrido, con zonas arrasadas en pueblos de Aragón, Navarra y La Rioja. Hasta me siento capaz, contra todo lo sucedido, de sentir el deseo de lanzar un grito de enhorabuena entre las horas malas transcurridas por el hecho de no tener ninguna noticia de pérdidas humanas, lo demás el tiempo habrá de escribirlo, con la plena y sosegada tinta con que escribiera el capítulo de los daños.

Aunque no es mi intención describir lo que ya la mayoría ha presenciado a través de los medios o personalmente, la riada ha asolado parte de nuestra geografía central o norteña y se ha llevado sobre todo el esfuerzo de muchos lugareños, las propiedades de los dedicados a la agricultura y a la ganadería, en fin, un desastre que desearíamos fuera irrepetible: 45.000 hectáreas anegadas en Aragón, Navarra y en La Rioja. La ministra de Agricultura y Medio Ambiente anuncia la aprobación de un decreto de ayudas a los afectados. En esta clase de hecatombes lo que más importa es la pérdida de un ser humano, todo lo demás puede -y de hecho esperamos que suceda- solucionarse con el esfuerzo de los afectados y una buena gestión de los responsables políticos.

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