De tacón

Hugo / Vaca

No voy por miedo

ES sabido que en la sociedad, a la vez que va evolucionando, se vislumbra también que crece en los jóvenes y menos jóvenes signos cada vez más acusados de intolerancia, que a veces incluso derivan en violencia. El llamado espectáculo del fútbol es un reflejo de la sociedad. En otros países, sobre todo en Sudamérica, la violencia ha estado presente en innumerables momentos, y el enfrentamiento entre hinchas o barrabravas, han dejado un triste saldo de víctimas.

A España tardaron en llegar este grupo de radicales que en nombre de los colores del equipo que dicen defender esconden los más bajos instintos. Lo más lamentable, es que algunos directivos alimentan desde la propia entidad a individuos de esta calaña para que en momentos de necesidad le sirvan como escudos protectores, o como elementos disuasivos cuando el grueso de los aficionados hace sentir su malestar por alguna mala gestión, sin saber que especímenes así son insaciables. Lo que hoy defienden a ultranza, mañana se vuelven en contra por otros nuevos intereses.

Los clubes de fútbol están siempre necesitados de ingresos económicos, pero cuando llega el momento de poder conseguir unos buenos dividendos, cuando llega el momento que se enfrentan dos equipos donde la rivalidad provoca un gran interés popular, en el preciso instante que la tesorería puede recibir un espaldarazo, que le permita tapar un boquete económico, por culpa de estos personajes que dicen defender a la entidad, muchísima gente se retrae de asistir al campo y dejarse en la taquilla unos buenos euros por el simple hecho de tener miedo. Miedo a no ser agredido por alguno de estos bandidos.

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