El pinsapar

ENRIQUE / MONTIEL

Lo que viene

LLEGA la radicalidad, nos avanzan. Como quiera que lo dicen -los que lo hacen- con tanta convicción, parece que deberíamos ponernos a cubierto. O sea, de nuevo el poema 'Me llamarán, nos llamarán a todos. / Tú, y tú, y yo, nos turnaremos,/ en tornos de cristal, ante la muerte.(…)'. Blas de Otero pide de nuevo la palabra para recordarnos lo inmediatamente anterior a las consecuencias. Todo se superpone sobre unas de las últimas imágenes de la Venezuela más reciente, en la que acorralan a golpes a un parlamentario de la oposición.

Oye uno a los teóricos de la violencia necesaria mientras mira lleno de espanto esta violencia política, esta dialéctica de los puños y las pistolas de nuevo. ¡Qué ligereza! Y no nos da vergüenza, a ninguno. Desde lo más nimio y clarificador de ir a la consulta del Rey con el atuendo de Pablo Iglesias a la indecencia de Rajoy, sobre la que se ha pedido perdón, Pedro Sánchez lo ha hecho a regañadientes. En el camino la interpelación de la alcaldesa Colau a los militares en Barcelona y lo tranquilamente que está ya planteada la cuestión de la independencia de Cataluña. O sea, de nuevo Blas de Otero, de nuevo su poema tan cantado 'Bien lo sabéis. Vendrán / por ti, por ti, por mí, por todos. / Y también / por ti.'.

La radicalidad se gradúa en el laboratorio de las ideas infernales. Como en la Alemania de los años 30. Pensando que luego se controla el estropicio. Nadie quiere leer las enseñanzas de la Historia porque la Historia es un relato mal escrito por los historiadores que no saben escribir derecho con renglones torcidos. O que, simplemente, no saben escribir. Y es lo que nos dicen que viene, la radicalidad, de nuevo el tajo sobre la angustia de España. Ellos, nosotros. ¿Que quiénes son ellos y quiénes somos nosotros? No importa. Un poeta, un poema para poner las cosas en su sitio: Por ti, por ti, por mí, por todos. Y también por ti.

A las cero cero horas empezó el reloj hacia las nuevas elecciones. No supieron ponerse de acuerdo ni para ponerse de acuerdo sobre lo que es un clamor, las reformas urgentes y necesarias. Por la ceguera del poder, porque pensaron que era el momento del estos son mis poderes. Y mientras más de 40 millones de ojos os observan. Y muchos millones de manos con la papeleta que llevar a la urna. Que es el acto definitivo de poner paz sobre este país al que atormentan los ladrones y los aprendices de brujo, este país de pocas bromas que se llama España.

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