¡Que viene la ola!

A la ola del fútbol le pasó igual que a la del coronavirus: sin que se dieran cuenta se propagó por el mundo

Eran otros tiempos. Era cuando la gente podía ir al estadio Carranza (que se llamaba así y a nadie le parecía mal) para ver partidos de fútbol. No guardaban las distancias de seguridad, y llamaban guapetón al árbitro. A veces, cuando ganaba el Cádiz con buen juego, de pronto se oía en el estadio: "¡Que viene, que viene!, ¡Que viene la ola!". Hay que ver lo que ha cambiado la vida. Ahora se dice lo mismo para acongojar. La gente ha criticado al doctor Simón porque se fue a practicar surf a Portugal, antes de agradecer que no vinieran turistas a España. El doctor Simón es un especialista en olas. Y ahora suena igual que en aquellos tiempos, cuando iba la afición al estadio Carranza, que se llamaba Carranza. ¡Que viene la ola!

La ola se formaba con una sincronía como de ballet. Los espectadores se debían levantar en el momento justo, a compás, siguiendo la dirección, de derecha a izquierda o de izquierda a derecha, según, y también alzar los brazos. De ese modo, se conseguía el efecto de la ola. En el fondo sur gustaba mucho y en el norte también. Pero lo más bonito era cuando hacían la ola en el palco, donde estaba Antonio Muñoz o el presidente que tuviera el Cádiz, antes de Quique Pina y Manuel Vizcaíno, antes de Locos por el Balón, antes del coronavirus. Ahora ya no se levanta nadie, ni nada.

La ola tiene su historia. Me refiero a la ola del fútbol, no a la del coronavirus. La primera ola fue practicada el 15 de octubre de 1981, en Oakland (California), durante un partido de la Liga Americana de béisbol, en el que se enfrentaron los Yankees de Nueva York contra los Atléticos. Sin embargo, la ola se popularizó en el Mundial de México de 1986, que ganó Argentina. Fue aquel Mundial en el que Maradona marcó el gol del siglo y también el de la mano de Dios. En los estadios mexicanos hacían la ola...

A esa ola del fútbol le pasó igual que a la del coronavirus: a lo tonto, y sin que nadie se diera cuenta, fue de aquí para allí, y se propagó por todo el mundo. Así como una ola llegó desde México al estadio Carranza, otra llegó desde China al hospital Puerta del Mar. Y sin vacuna. Pero aquella ola era alegre, festiva, se agradecía, y no era como las olas del doctor don Simón, que no las ve venir, y cuando se entera es mortal.

En estos días, los científicos nos advierten que viene la ola, la segunda ola (puede que incluso venga después la tercera ola), y en el estadio Carranza se marchita la nostalgia. La vida era más bella cuando se levantaban los del fondo sur, los de tribuna, los del fondo norte y los de preferencia…

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