La vida sigue igual

¿Lo de Susana? La pandemia, como una buena capa, todo lo tapa. Viene lo peor. Nos dicen

Lo de Susana Díaz es el negativo del positivo de estos días. O sea, a nadie le interesa si la van a mandar al almacén de excluidos de la historia andaluza, al museo de cera o a la embajada de España ante la Santa Sede. Estamos en lo que estamos, aunque la vida siga igual. Los partidos -instrumentos fundamentales para la participación política- son unas élites que, en un momento dado, se resisten a ser sustituidas por otras élites. Con el concurso o sin él de un conjunto de personas que son más un coro que unas voces que piensan en voz alta, confrontan y votan a sus representantes. Nos están confinando por partes, pueblos y ciudades, regiones… Pero adelantan la sustitución de Susana Díaz al mando de la nave, que recibe a un embajador de gran dureza, puede que inflexible, con el mandato presumible del jefe de Ferraz, y de La Moncloa: Te vas o te vas. Esperando estamos algunos el desenlace de la contienda. ¿Morir con las botas puestas o negociar lo mejor para los suyos? Heredó la derrota de decenas de años de gobierno socialista en Andalucía, la entrada en los juzgados de casi toda la nomenclatura, las portadas de los periódicos sumando EREs y el dinero destinado a putas y a cocaína, las grandes mariscadas sindicales, toda esa basura que escandalizó primero que nada a los honrados militantes socialistas andaluces, que son la gran mayoría. Y ganó. Como Arrimadas ganó en Cataluña. Del modo que ganar es perder, o acudir a sumar la mayoría disímil y gobernar luego, si dan los números. Como el jefe de ahora. No le dieron y salió de San Telmo para refugiarse en San Vicente. La quieren fuera de allí y la lezna o ganzúa que se vuelve a esgrimir es la renovación. Cambio, renovación: palabras milagrosas, comodines con concertinas. Pero ayer saltaban las alarmas en Castilla-La Mancha, y las reservas de vacunas para la segunda dosis, no vaya a ser que no haya servido para nada la primera; el sentido común frente a la improvisación y la falta de rigor, y Andalucía cerrando economías y cerrando la vida para salvarnos de la muerte y la enfermedad, o intentarlo; y Castilla y León enfrentada por un par de horas al Gobierno de España, y Madrid, y las imágenes de la televisión, de las grandes fiestas de los jóvenes que luego, se sabe ya, van a llenar los hospitales porque no se vacuna con la responsabilidad exigible y la vida sigue igual. ¿Lo de Susana? ¿Roma locuta, causa finita? La pandemia, como una buena capa, todo lo tapa. Viene lo peor. Nos dicen.

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