Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

Se nos va de las manos

Con lo que fue España no hace tiempo y ahora el que no sepa de vinos es mejor que se exilie a un país musulmán

El gran Monforte podría aplicar ahora el proverbio "bienaventurados mis imitadores porque de ellos serán mis defectos" ya que él fue el primero. Antes la gente iba a un restaurante y lo que esperaba era una comida a un precio razonable , bien elaborada con productos de temporada servida por unos camareros que trabajaran con rapidez y sin dar la brasa (para entendernos: sin que Gonzalo se acercase a la mesa para contar algún chiste o a mojar pan en la salsa). Ahora el que no conozca las novedades de la hostelería gaditana es un perfecto ignorante digno de desprecio y encausado por delito de lesa patria. Cada semana ocurre algo, vivimos en un stress permanente: un ronqueo allí, una cata por acá, un invento en un restaurante, la apertura de un nuevo local, una carta nueva redactada por algún poeta cursi y diseñada por algún espíritu sensible, un producto insólito, coreografía a la hora de servir. Se despista uno un momento y ya tiene al camarero de toda la vida recitándote la laudatio del plato como el que explica una obra de arte. El restaurante que no compre plancton en Veta la Palma es que se ha quedado retrasado. Ahora el bache de toda la vida, tiene un somellier salido de cualquier escuela de hostelería capaz de debatir con el cliente más cateto si un vino es del pago tal y resulta más afrutado a algo ácido , incluso servir el fino en copa ancha. Con lo que fue España no hace tanto tiempo, consumidores de Don Simon y de Savin. Ahora el que no sepa de vinos es mejor que se exilie a un país musulmán. La hostelería no solo se ha convertido en la principal fuente de empleo de la provincia de Cádiz sino que los eruditos a la violeta han copado la información con el fanatismo del converso. De la fabada Litoral a las verdinas. No tengo ni que contar que donde se ha perpetrado el crimen con mayor ensañamiento ha sido en El Puerto, en un local de cuyo nombre no quiero acordarme, que te casca un menú a 300 euros (vinos incluidos, no se vayan ustedes a creer) con bioluminiscencias que según asegura el mismo propietario no saben a nada pero ofrecen espectáculo(como Benzemá), caparazones de crustáceos y otras exquisiteces que , aseguran, proporcionan una experiencia única y singular para todo aquel que le sobre la morterada. Mientras esto ocurre cierra San Antonio y el que fuera su propietario sigue al frente de la hostelería gaditana a pesar de que ya no tenga un establecimiento que regentar , en un ejercicio de altruismo . Seguiremos con las papas aliñás de Pelayo.

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