Tesorería, profesionalización, cotizar, CIF, Hacienda, derechos, negocio, inspecciones... El ruido se hace ensordecedor mientras que en un local de ensayo cualquiera se hace la luz y renace un nuevo Carnaval ingenuo e inocente, puro y verdadero, romántico y genuino antes de intoxicarse cuatro meses más tarde. Un autor presenta un tango o un pasodoble mientras hombres y mujeres como trinquetes le rodean con la misma cara con la que un niño o una niña espera la mañana del 6 de enero que su madre le de permiso para entrar en el salón. Surge la magia entre la voz nerviosa del coplero y el brillo de los ojos de los componentes. Silencio. Ahí va eso. Ningún inspector va a llamar a la puerta. Para disfrutar de este momento tan nuestro no hay que tributar ni darse de alta. Porque no hay dinero en el mundo que pueda pagarlo.

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