PARECE mentira que uno de los principales problemas de Cádiz sea la apertura de los chiringuitos en invierno. Con la situación económica que padece la ciudad, con la tasa de paro, con la pérdida de inversiones públicas y privadas, con la incapacidad de gestión que están mostrando las autoridades locales, es triste que la Junta y el Ayuntamiento se líen en una cuestión menor. Conste que soy partidario de que los chiringuitos abran en invierno. Pero esa tragedia que se ha montado carece de sentido y es exagerada.

Durante muchos años, los chiringuitos se desmontaron al final del verano, y no se hundió Cádiz. También hay que recordar que las instalaciones afectadas no son 600, ni siquiera 60, sino seis: Nahu Beach en Cortadura; Potito, Potito Beach, Malibú y Kala Beach en la Victoria; y Pîkacho's en Santa María del Mar. Algunos propietarios de esos establecimientos participan en otros que no cierran en invierno, mientras que también existen chiringuitos que sí cierran por voluntad propia. Todo eso es respetable, pertenece a las decisiones empresariales de cada uno. Lo que quiero significar es que este problema no es como la reconversión de los astilleros en la década de los 80, ni procede arrojar electrodomésticos por los balcones. No vamos a arreglar, ni a desarreglar, sustancialmente, la próxima EPA del paro por tal motivo.

Es curiosa la habilidad del alcalde González Santos (antes llamado Kichi), para que sea Martín Vila quien se vea salpicado por los problemas locales. Martín se implica en la lucha contra los molinos de la Junta, donde Fernando López Gil se mete en todos los charcos, a pesar de que él también tiene delegados que ni fu ni fa en las consejerías varias. Las peleas entre el Ayuntamiento y la Junta no se han terminado después de salir Teófila de la Alcaldía. Quienes le echaban las culpas a ella, por su forma de actuar, se están quedando sin argumentos. ¿Qué talante hay ahora? El mismo, pero sin alcaldesa rubia. Y sin alcalde tampoco, pues él delega todo lo marrón en su segundo.

Vamos a ver si lo resuelven, de una vez por todas, y sin inseguridades jurídicas. Es de sentido común que no se pueden cambiar las condiciones fijadas sin apechugar con eventuales reclamaciones. En el futuro, se debe tener en cuenta que las playas gaditanas van a estar estupendas con el calentamiento global. En 2050 podrán organizar fiestas de Nochevieja en bañador. Puede que entonces existan chiringuitos de invierno con 600 empleados. Puede que se rían de las discusiones de otros tiempos.

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