HACE falta ser un auténtico desalmado para destrozar para siempre las vidas de una madre, de un padre, de unos abuelos, de unos tíos y de un sinfín de parientes que esperaban con el corazón abierto a todas las alegrías de un recién nacido, diciéndoles que esa persona que aguardaban ha fallecido al venir al mundo, sin ser verdad. Es preciso ser un verdadero monstruo para luego entregar esa criatura a otros. Es incalculable cuánta maldad se une en esas tramas que incluían a todas los individuos dedicados a traficar con ese bebé, a contactar, a falsificar, a vender. Cuántos desalmados juntos que luego han podido seguir su vida próspera y sin inquietudes durante tantos años, los necesarios para que ese horrendo delito prescriba. La justicia acaba de declarar demostrado que uno de ellos, el doctor Eduardo Vela, robó un bebé, pero el tiempo lo ha redimido. ¿Creen ustedes?

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