Tribuna libre

antonio Morillo Crespo

Las técnicas del Coleta

No falto al respeto, porque seguro que a él no le importa. Gusta de rebajar los protocolos. El otro día, sin ir más lejos, nada menos que al presidente del Congreso de los Diputados en el solemne debate parlamentario le llamaba "amigo Patxi". Y antes, al ir a ver a Su Majestad el Rey de España, fue en mangas de camisa, como si hubiera estado, según comentó alguien, fregando antes los platos. Y sin embargo a los premios Goya, donde están 'los artistas' se vistió de smoking porque allí podía pescar adictos. A mí no me hubiera importado llamarle excelentísimo señor don Pablo Iglesias Turrión, pero es más coloquial este apelativo, con el que le llama todo quisque, igual que a su compañero alcalde de Cádiz, a quien gusta le llamen familiarmente el Kichi.

Dicho esto me llama la atención como se ha convertido en un técnico en propaganda política. Verdaderamente es un maestro en estas lides. De manera que más que su ideario pregona sus imágenes. Como marxista o lo que sea, no se esfuerza en defender la primacía de lo público sobre lo privado, ni el control del aparato del Estado sobre los ciudadanos, ni la colectivización... Inteligentemente, utiliza las imágenes como señuelo de captación, como resumen y espejo de su persona e ideario y porque con ellas se dirige a quien sabe que le puede votar y no, por supuesto, a quien no le va a votar sino a criticar. Así va barbilampiño y descamisado, con su coleta, a los actos institucionales, a donde el decoro obliga por un respeto al público y a la propia Institución.

Para empezar utiliza la sonrisa, siempre sonríe, actúa como se hace con las grageas en farmacia. Se edulcora por fuera para evitar el amargor del contenido. Para allá o para acá siempre con la sonrisa. Observen ustedes por el contrario que el señor Rajoy parece que siempre está enfadado y que a pesar de ser un gran parlamentario, su imagen es de cabreado. Sánchez sonríe, pero parece sonrisa de ejecutivo. Albert es más normal, sonríe pero con naturalidad. La diputada canaria, quizás el mejor discurso en el cierre de la investidura, ataráxica. El vasco gélido. Y no digamos el catalán de Esquerra que echaba humos.

En cada sesión de las Cortes Iglesias se inventa un truco para que su imagen sea lo más destacado, lo que debe salir al día siguiente en todos los periódicos. Una vez se jacta ufano junto a su compañera que da el pecho al niño chico; otra le da un beso en la boca a su compañero Xavier Doménech, diputado podemista. en medio del hemiciclo; otra saca una pancarta que dice no sé qué; otra ofrece su despacho a su colega Miguel Vila para que en el se ame con la diputada Andrea Levy.... Así consigue que de diez tomas de televisión, cinco al menos sean para él. Y que las fotografías en toda la prensa salgan destacadas como genialidad...¡Ha conseguido su objetivo!

Yo propongo a los demás políticos que tomen nota y aprendan, porque de nada les va a valer con el bla, bla, bla ni con discursos altisonantes para ganar los votos a determinados estamentos sociales, altos y bajos, a quienes se gana con la imagen, con el detalle, hasta con el esperpento. Voy a dar algunas ideas.

Y empiezo por mí mismo. Si yo fuera diputado, el día que fuera a defender a Andalucía en mi intervención parlamentaria, me presentaría en el hemiciclo vestido de traje corto campero. Estoy seguro que el presidente no tendría motivos para llamarme la atención. Le diría que por favor respete nuestra autonomía. Y así una diputada otro día, se presentará en las Cortes con mantilla española. ¡Ea! ¡ a ver quien le tose! ¿Y si el ministro del Interior, sabiendo que va a contestar un jueves, (creo que son los jueves las preguntas de control al Gobierno) fuera vestido de guardia civil y hasta con tricornio? Si un diputado valenciano una vez se llevó a la tribuna naranjas para hablar de su tierra, ¿por qué el insigne diputado de Esquerra Republicana no se puede presentar otro día con barretina, faja y hasta alpargatas de esparto?

Hombre, yo no iría a más, pero se puede. Imagínense que en el colmo de la camaradería y de la improvisación un diputado al subir al estrado le diera un pellizco a doña Celia Villalobos. ¿Saldría en los periódicos? ¿Y si un diputado enfadado porque su señoría el presidente no le dejara interpelar por alusiones se plantara en mitad del referido hemiciclo y se orinara a la vista de todo el Congreso? O, menos escatológico, cuando alguno hable en contra de la guerra y a favor de la paz, que suelte una paloma que llevara escondida en su regazo y que el ave revoloteara en aquella santa mansión. O que un diputado gaditano, por ejemplo, al terminar su oratoria, para poner énfasis, se cantara una soleá o una petenera.

"O tos moros o tos cristianos", dicen los chiquillos en la calle. Todos los diputados y diputadas tienen derecho a crear imagen y chupar cámara, como también se dice en el argot político. Una imagen vale más que cien palabras. Y esto es lo que en parte hemos visto estos días. No se trataba de lo fundamental, conseguir un Gobierno serio y estable para España, cuando las cosas están que trinan. Se ha visto que le privaba al señor diputado sembrar imágenes cara a las próximas elecciones. No sé por qué me imagino que las rayas rojas que blandía y las exigencias de "ese no, yo nada más" eran artilugios para que no se llegara a un consenso y terminaran las sesiones fallidas.

¿Se acuerdan ustedes cuando era señal de progre dejarse barba y llevar pantalones de pana? Esa fue una costumbre de la pubertad política. Ya nadie se creería eso. Ahora lo que nos debe a todos importar es la seriedad, el rigor y la honradez. Lo demás son cantos de sirena. Mejor dicho, jipios o gallos de tenor.

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