Con la venia

Fernando Santiago

No surrender

Dice Miguel Ángel Aguilar que la información es como el agua: cuando hay una inundación es lo primero que escasea. Vivimos tiempos de inundación, miles de blogs, páginas web, emisoras de radio y de televisión , Facebook, twitter y tantas cosas por las donde se acarrean opiniones de todo tipo e informaciones, muchas de ellas falsas. Ante la infoxicación hacen falta profesionales más que nunca. Beth Costa, la nueva secretaria general de la Federación Internacional de Periodistas dice que ella sabe dibujar pero cuando quiera hacerse una casa contratará a un arquitecto. Cuando alguien quiera información fiable, contrastada y de calidad, necesita a un periodista. El anterior secretario general de la FIP, Aidan Withe, dijo en Cádiz sobre eso que llaman el periodismo 2.0 que  su mujer sabe  qué medicina darles a sus hijos pero si tienen una apendicitis lo llevan corriendo a un médico. Siempre hacen falta buenos profesionales, los que sepan distinguir la paja del grano, los que tengan el contexto, los que verifiquen y pongan orden en la avalancha de datos y noticias de toda índole, los incómodos para el poder. Eso es el periodismo, lo era hace 200 años y lo es ahora.

Los diputados doceañistas , al mes de iniciar sus sesiones en San Fernando, acordaron una ley de imprenta que garantizaba la libertad de expresión y permitía el nacimiento del periodismo moderno. Para frenar la arbitrariedad de nuestros gobernantes y mejorar la educación de la población, dijeron los diputados en la Isla de León. Al poco tiempo el periódico El Conciso comenzó a publicar el primer escándalo de la prensa española: el pago de sobornos en los hospitales del ejército para que fueran antes y mejor atendidos unos heridos que otros. Se demostró que el caso era cierto y las Cortes se vieron obligadas a abrir una investigación para depurar responsabilidades. Eso es el periodismo, ayer  y  hoy. Una profesión  de buenos trabajadores bien formados y mal pagados , con jornadas extenuantes pero con una vocación a prueba de bombas. Una bendita profesión que sirve lo mismo para publicar el "Shimbone Star" y que Datton Pibody le hiciera   frente a Liberty Valance que  para derribar al presidente de los EEUU, destapar el caso Gurtel, el de los ERE o el del GAL.  Es posible que el periodismo no tenga el aura romántica del concienzudo investigador en busca de la verdad que lucha contra los villanos de turno por cuatro euros, pero es una profesión sin la cual no existiría la democracia, como ha definido la Federación de Asociaciones de la Prensa en su lema "Sin periodismo no hay democracia".  El periodismo es zarandeado por los poderosos, maltratado por los poderes financieros, adulado por los políticos, menospreciado por la sociedad ("no le digas a mi madre que soy periodista, ella piensa que soy pianista en un burdel).

 

 Por eso en estos momentos difíciles conviene no rendirse, como aconseja The Boss "Bueno, hicimos una promesa que juremos siempre nos recuerda/no hay retirada, nena , no rendirse/en la noche del invierno/con la promesa de defender/no hay retirada, nena, no rendirse".

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