Las dos orillas

José Joaquín León

El sueño de otra Andalucía

SE puede considerar justo que Alfonso Guerra, ex vicepresidente del Gobierno y diputado del PSOE en el Congreso desde las primeras elecciones hasta hoy, recibiera ayer el título de Hijo Predilecto de Andalucía. Se puede considerar justo porque es un personaje que vivió como protagonista los años de la Transición y tuvo un papel relevante en la alternancia política, con la llegada del PSOE al poder. También se puede pensar que este nombramiento le llega tarde. No sé si será casualidad que ya no está Manuel Chaves como presidente de la Junta. O será que había que dejar pasar el tiempo, que todo lo cura, que todo lo tapa.

Alfonso Guerra, en los tiempos del 28-F, era héroe para unos y villano para otros. Hoy casi se podría decir que es villano para los que fue héroe (cierta izquierda) y que es héroe para los que fue villano (cierta derecha), pero sería una exageración. Y además no es cierto del todo. Él también ha mantenido una parte de su público, los guerristas que les decían. Pasó como líder del socialismo de los descamisados, lo más opuesto a los señoritos, aun siendo él un hombre culto y refinado, lector empedernido de poetas como Antonio Machado y Luis Cernuda, entre otros. Personaje de paradojas, especialista a la hora de organizar sus palabras y sus silencios, que dimitió como vicepresidente del Gobierno en 1991 por un escándalo fraterno con mucho ruido y algunas nueces, pero que ha seguido como eterno diputado del PSOE por Sevilla y presidente de la Comisión Constitucional del Congreso mientras criticaba a Zapatero por el Estatuto catalán y lo acompañaba en los mítines de Rodiezmo. No ha querido ser el número 1 del PSOE en la lista municipal de Sevilla, pero se ha prestado a ser el último, para que miren la lista al revés, que es como mejor se ve, nunca se sabe.

Pues bien, este Alfonso Guerra que se ha recreado y reinventado a sí mismo varias veces, pronunció ayer un discurso al recibir su distinción en el 28-F. Era una mañana soleada, pese a la tormenta de las encuestas para los suyos, otra paradoja. Y Alfonso Guerra dijo que el premio lo entiende como un reconocimiento a "los que han soñado con otra Andalucía". No hay que ser maliciosos. Se refería, naturalmente, a los que en 1980 soñaron con otra Andalucía, que fuera "la tierra de la dignidad", después de haber sido "tierra de injusticias".

Fue un sueño. Pero hoy, como en 1980, Andalucía es la comunidad con más paro de España, la que tiene menos riqueza por habitante y la más atrasada en la convergencia con Europa, adelantada ya por Extremadura. Hoy, como entonces, no gobierna Franco, sino el PSOE. Y el sueño de otra Andalucía más próspera, hoy como entonces, 31 años después, se mantiene, aún por cumplir.

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