Sostiene el vicepresidente Juan Marín que los altos cargos políticos andaluces cobran muy poco y que por eso no pueden atraer a gente brillante. Que pregunte por ahí, si es que se ha olvidado, cuánta gente brillante hay cobrando sueldos impropios en Andalucía: en la empresa privada y en la pública. Que repase el número de médicos, educadores, científicos y todo tipo de técnicos y funcionarios, amén de trabajadores de todos los niveles que merced a su brillantez sacan adelante el día a día de su compañía y de toda una administración autonómica. Y de los servicios de los que tanto presumen cuando toca hacerlo. Que esas afirmaciones las haga gente a la que pagamos los transportes, las dietas y los alquileres de viviendas y que se permiten a la vez proclamar que un salario mínimo interprofesional de 900 euros pone en peligro la estabilidad económica nacional, explica buena parte de la fama que tienen los políticos.

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