Crónica personal

Pilar / cernuda

No sirve... pero alienta

LA consulta no era legal, ni democrática, ni ofrecía garantías. Sin embargo las largas colas ante las urnas han demostrado que los independentistas han recibido un balón de oxígeno el 9-N, y que esa fecha se va a convertir en un símbolo para el independentismo. Al tiempo.

Rajoy tiene un grave problema, a pesar de que ha actuado con la máxima prudencia desde que Mas y Junqueras pusieron en marcha la carrera independentista. Les ha parado los pies con todos los mecanismos de los que disponía, la ley y la Constitución. Siempre dijo que no se celebraría la consulta y no se ha celebrado. La del 9-N ha sido una farsa, pero sirve de argumento a Mas y cía para insistir en sus planteamientos, apoyados por unos medios de comunicación que avergüenzan por la manera en que se han dejado comprar, y por algunos supuestos observadores internacionales que ni siquiera saben colocar Cataluña en España.

Pero de la misma manera que la consulta era ilegal, en las negociaciones no se puede ir más allá de la ley y de la Constitución. Rajoy se encuentra en una situación imposible, porque existe un espíritu independentista en Cataluña ante el que no puede ser indiferente; pero de ninguna manera se le perdonaría que negociara contra la integridad territorial de España. ¿Ir a una reforma constitucional de corte federal como dicen los socialistas? No soluciona el problema, la España autonómica es prácticamente un Estado federal. Y los independentistas no quieren mayor autonomía: quieren la independencia.

Aquellos polvos han provocado estos lodos, aunque se hará a Rajoy responsable único. Un político de lucidez extraordinaria como Fernández Ordóñez ya alertaba: el sistema autonómico estaba plagado de deficiencias y la financiación autonómica provocaría diferencias entre regiones y el fin de la solidaridad. Si a ello se suman los disparates que hizo Zapatero con el Estatut, la barbaridad de engañar a Artur Mas, y la escasa capacidad de Rajoy para negociar alguna salida fiscal con Mas que le hiciera desistir de su independentismo, el escenario en el que nos moveríamos hoy sería muy distinto.

Pero no se puede aceptar el que Mas y Junqueras buscan: la independencia. Y además, por mucho que digan que la consulta ha sido masivamente independentista, no hay que engañarse: los catalanes a favor de separarse de España no han llegado al 30%, según los cálculos poco fiables de la Generalitat. A pesar de que el Gobierno catalán ha puesto todos sus poderes, que son muchos, para que arrasara la respuesta positiva.

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