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Los condenados eran jefes de un grupo de catalanes que querían una república contra la mitad de los catalanes

Pues ya pasó todo, la momia de Franco será exhumada y alojada en el panteón familiar y el fallo del Tribunal Supremo a los golpistas catalanes se conoció oficialmente ayer. He escrito golpistas y ahora mismo no sé si he sido justo en el calificativo, debería haberlos llamado 'sediciosos' para cumplir la sentencia. La RAE dice de la sedición que consiste en un " alzamiento colectivo y violento contra la autoridad, el orden público o la disciplina militar, sin llegar a la gravedad de la rebelión". Es la doctrina y todo el mundo está dando su opinión, o lo que sea. Pleitos tengas una vez más, pues. De hecho lo que pasó lo vimos todos, como muchísimos vimos muchas sesiones del juicio. Y por tanto tenemos nuestras ideas. Los condenados eran los jefes de un grupo de catalanes que querían implantar una república en la autonomía y separarse del resto de España. Contra más de la mitad de los catalanes que no querían, y siguen sin querer esa separación ni esa república. El Estado se impuso, como es sabido y era su deber, y ahora su máximo órgano jurisdiccional, el Tribunal Supremo, ha dictado una sentencia que a nadie satisface, o a pocos, o a muchos no pero a otros sí. Hay dos canales de conocimiento de este lenguaje, el del Diccionario de la Lengua Española (RAE) y el definido en el Código Penal, más prolijo y complicado. Por eso nos quedamos en lo que entendemos bien, o sea, los años de cárcel y de inhabilitación absoluta, y en los llamados 'hechos probados' de esa Sentencia. Como quiera que las decisiones firmes de los tribunales deben ser acatadas pues aquí termina el asunto. Pero no, ya hablan de los indultos previsibles 'de Pedro Sánchez' y del cumplimiento de las penas impuestas, donde quiera que vayan los penados. Nunca vamos a lo siguiente, al parecer. Que es curar las heridas de ese intento sedicioso fallido, de este pulso perdido por los independentistas contra el conjunto de los españoles y, especialmente, contra sus vecinos que no lo son. Los sediciosos, paralelamente, nos están hablando siempre de diálogo, de que la crisis política que quisieron arreglar por las malas ahora hay que hacerlo por las buenas y el principal acusado, Junqueras, además nos confiesa que siente un gran amor por España. Mientras todo esto sucede, miles y miles de móviles llenan las redes sociales de altercados, alzamientos violentos contra la autoridad, el orden público y las leyes de nuestra democracia. En definitiva que la sedición continúa y que habrá nuevos detenidos y nuevos juicios y toda esa faramalla mientras nadie se pone a lo siguiente. Nadie.

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