Qué lectura más pobre de las elecciones andaluzas. No debe extrañarnos porque desde la crisis económica España ha perdido su capacidad de autocrítica y anda un tanto perdida, metiendo miedo, echando la culpa al electorado de cuánto pasa, confundiendo hartazgo con temeridad. Si los resultados electorales fueran notas académicas, los políticos serían esos padres desnortados que echan la culpa de los cates de sus hijos a los profesores. Así les va y nos va a todos.

Mientras, el gobierno de España se contradice a diario y trastea con los restos de Franco, los presos de Cataluña juegan a ser mártires y Andalucía se despereza por fin del largo sueño socialista para asombro de todos. Pero no he escuchado a los derrotados nombrar el banquillo de los ERE, ni reflexionar sobre sus casi cuarenta años de mandato sin alternancia alguna en Andalucía. No he visto a nadie del partido pararse a pensar por qué su electorado ha preferido quedarse en casa y no les ha votado. No los he visto asumir su contundente derrota y prometer una oposición rigurosa. Su reacción ha sido meter miedo y decir que lucharán por la presidencia del gobierno andaluz. La pera limonera. Susana sigue creyendo que tiene un ratón chiquitín.

Tampoco he visto a los de Podemos o cómo se llamen en Andalucía, asumir que la queja ya no da más frutos. Que no han sido capaces de atraer el voto de los socialistas defraudados. Que el baile de siglas y los cálculos electoralistas ya no le sirven. Que Andalucía no es tan roja como ellos proclaman. Que la gente puede que no sepa lo que quiere, pero sabe perfectamente lo que no quiere y por eso se queda en casa. La derecha dividida en tres tampoco da crédito del resultado obtenido y ya han comenzado a levantar la mano y a querer distinguirse unos de otros. Ciudadanos quiere ser centro (si es que eso existe en España) y mandar pese a la mediocridad de su líder andaluz. El PP se erige ganador como partido pata negra de la derecha porque los otros se pasan o no llegan. Vox, alardea de su incoherencia y proclama una derecha inculta y popular que canta por Manolo Escobar. Menudo caos.

Algunos pensamos que después de Andalucía esos resultados pueden crecer y multiplicarse por el resto de España. De los dos partidos de verdad depende. Cuanto más miedo metan, peor. El bipartidismo sólo resucitará cuando ejerzan la autocrítica y se renueven de verdad. Entretanto, que siga el espectáculo.

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