Que me tachen de clásico pero tengo que confesar que uno siente un inmenso placer cuando llega a la cafetería de toda la vida y el camarero, sonrisa en rostro, me dice: "¿Lo de siempre?". Es una sensación tan sólo vivible en las tiendas cercanas que te ven y te conocen. Son esos pequeños comercios que saben de ti y que te preguntan por tus niños o incluso por tu suegra. Son pequeños establecimientos a los que alguien debe ofrecer una buena dosis de mimo. También hay algunas tiendas a las que mejor ni rozarlas. Y si no que se acerquen por alguna de las cafeterías de la Catedral donde es más que habitual ver a los camareros con la cara de un auténtico pepino de mar. Siempre cabreados e incluso discutiendo entre los propios empleados. Sé que muchas veces son sus jefes los que tienen culpa de eso por no darles horarios y sueldos dignos capaces de arrancar una sonrisa y ese "lo de siempre " que tanto me gusta.

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