Hace escasas fechas he recibido una citación para que acuda en calidad de testigo a un juicio que se celebrará dentro de unas semanas. Desde que llegó la carta me encuentro hecho un lío porque no tengo claro el modo correcto de dirigirme dentro de la sala al juez en caso de que sea un hombre. Mi aceptable dominio del español no me provocaba excesivas dudas hasta que un día la gaditana Bibiana Aído, jóvena ministra que se sacó de la manga el presidente Rodríguez (me niego a referirme a él simplemente como Zapatero como reconocimento a su semiolvidado padre), soltó aquella perla de miembros y miembras. A partir de ese momento cambiaron muchas cosas en mi vida. Pasé a desempeñar la profesión de periodisto y a escribir habitualmente de futbolistos y otros deportistos. Me convertí en un persono con enormes problemos con el idiomo. Ahora no sé qué hacer. ¿Me dirijo al juez como señoría o como señorío?

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