Qué sabe nadie

Yo les arreglaría una cena a solas para que pudieran desahogarse

Pedro Sánchez e Isabel Pantoja se han tirado de un helicóptero para participar en un programa de supervivencia. Más de cinco millones de personas vieron a la Pantoja tirarse al mar (yo la tuve que ver en diferido porque me acuesto temprano) y otra millonada votó a Sánchez como presidente del gobierno. Los dos llevan pasado mucho, de los dos dicen que no tienen empatía y que no saben ganarse al público, vamos, que son antipáticos. Por más dientes que enseñen las mandíbulas se les quedan prietas, encajadas en el mal rato que pasan mientras sonríen. Los dos forman parte de la España más folklórica que si algo ha aprendido es a no enterrar a los muertos del todo. De supervivencia saben estos más que nadie. Su vida está escrita como en una corrida de toros, a golpe de pasodobles y silencios, de pitos y aplausos. Qué sabe nadie, dirán para sus adentros. Yo les arreglaría una cena a solas para que pudieran desahogarse y contarse penas, que eso une mucho.

Pero cuidado que tienen mucha isla por delante. Tienen que hacer fuego, tienen que pasar hambre y frío. Tienen que verse solos (en eso ya tienen duras experiencias vividas que no nombro porque a La Pantoja no le gusta hablar de su retiro forzoso). Tienen, sobre todo, que convivir con los que se le arriman para hacer su propia estrategia y aguantar a los palmeros que son los que más daño hacen. Y tienen que no meter la pata, que en esto la supervivencia y la vivencia a secas son iguales. Aquí, en esta isla de náufragos, la economía importa poco y eso les favorece porque los dos han demostrado ser unos pésimos administradores y se han juntado con quien no debían. La Pantoja disfruta al fin de no tener dinero para cobrarlo después. Pedro sabe que los españoles no le han votado con la cartera, unos han recurrido al miedo, que es el discurso vencedor, y, otros, al buenismo de vamos a entendernos. A ver si es posible porque en la isla hay muchos bichos malos.

La derecha va como Azúcar Moreno, en el ocaso de su éxito temprano, cuando ya sus cuerpos han dejado de ser sinuosos y saben mejor que nadie su célebre canción "Sólo se vive una vez". 1 más 1 más 1 es una cuenta infantil y engañosa que necesita que todo el mundo la haga a la vez para que funcione, algo impensable en esta mi querida España, esta España mía, esta España nuestra. A Vox como a Rambo se le ha quedado cara de tonto, de tanta épica. Rivera no sabe a quién arrimarse. Qué tribu.

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