Desde mi cierro

Pedro G. / Tuero

El ronqueo

UN día cualquiera de la pasada semana postelectoral, me di una vueltecita por ese Cádiz de "podemos", donde poco ya se respira la teo-filia; luego, me di otro garbeo por La Isla de Patricia, por ahora, y acabé mi pequeño periplo en la Chiclana de Román, por siempre. Y así, fui pensando y cavilando, qué coño ha acontecido por estos lares. Lágrimas de Teófila, cabizbajo Loaiza y resignación en Marín. Y eso por aquí, porque más arriba se siguen sin poner de acuerdo, por aquello de los futuros pactos, la preñada Susana y su zapateril jefe, don Pedro. Que tampoco están para tirar cohetes, digo.

Por otro lado, leo en la prensa chiclanera, ese alarde de tapas de atún que se van a prodigar y degustar en esta ciudad. Más tipos de atún cocinado que partidos políticos hay, una muestra muy suculenta que la asociación hostelera chiclanera ha organizado para solaz y consuelo de muchos. Y todo ha comenzado con la exhibición del ronqueo de un buen atún con lo que se inicia esa muestra culinaria a la que me refiero. No obstante, llevado por mi deformación profesional, mi jubilado lector, he ido indagando la procedencia y semántica de este vocablo tan cercano, y, al parecer, el ronqueo del atún se llama así por el ruido que hace el cuchillo al entrar en contacto con la piel y la carne del animal. Asistir al despiece de un gigantesco atún de almadraba es un espectáculo, el color de la carne del pez, rojo, como si se tratara de una res, es un fausto como prólogo a otro espectáculo que luego comienza en la mesa cuando llegan las piezas cocinadas.

Y elucubrando, apareció en mi mente la similitud comprobada entre ese ronqueo con los resultados electorales. Y no por el ruido, sino por el despedazamiento como producto. Aunque no me hubiese importado haber titulado este presente artículo "poca memoria", pues tan escasa ha sido que pocos se han acordado de lo que los ayuntamientos perdidos han hecho durante estos últimos cuatro años, tan difíciles. Un país y una televisión que se preocupan más de la salida de la Pantoja de la cárcel que del escarabajo picudo. El alza de los "emos" por encima de lo racional y coherente, que, no obstante, y a pesar del ronqueo, en esta algo desmemoriada Chiclana no ha habido grandes despieces, ya que el socialismo a este pueblo le es consustancial. José Mª. Román, a quien aprecio y conozco hace mucho, tiene una vez más la llave que ha de ser certera para arreglar lo que al gobierno anterior no le dio tiempo. Aunque en otras ciudades de nuestro entorno y más allá, el desastre está servido como el atún en la mesa.

Así pues, no ronqueemos, sólo al atún. Y prefiero lo que aquí ha salido de las urnas que cualquier Kichi de la vida. Por otro lado, amigo Ernesto, "jártate" de atún antes de irte, que te lo has merecido. Buen alcalde.

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