DIARIO DE CÁDIZ En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Los paisanos se preguntan a qué se dedican los gobernantes estos días. ¿Dónde andará Kichi? ¿Y la delegada territorial de Salud? Cuesta acordarse de la mayoría de concejales y delegados territoriales porque permanecen congelados en la fase 0, por más miedo al pueblo que al contagio. A casi todos se les ha pegado la lengua al paladar por órdenes directas de la superioridad. Y ahora el dirigente se dedica en cuerpo y alma al trabajo sucio, por ejemplo, recordando a los sanitarios quién les paga el sueldo, para obligarles a enterrar sus críticas. Lo hacen por su bien, no vayan a decir lo que piensan y les caiga una sanción. Y también para tranquilizar a la población: cada vez llovían más denuncias por las condiciones en las que se enfrentaban al bicho. Una cosa es que los sanitarios descarguen toda su rabia de puertas para dentro y otra que proclamen sus miserias a los cuatro vientos. Algunos son pillados 'in fraganti' por los agentes secretos, pero la sociedad, pese al esfuerzo de sus gobernantes, sabe lo que se cuece. Han sido tantos los desmanes y errores en cadena, que una corriente eléctrica ha vuelto contra el sistema a los que lo defienden con uñas y dientes. Si los gobernantes gozaran de más humildad y un puntito de autocrítica, si la crispación a izquierda y derecha se relajara, tal vez se pondría fin a este disparate. Pero, por desgracia, estamos rodeados.

La clase política moderna, con su capacidad infinita para castigar al adversario, alimenta la crispación mientras crecen las colas del hambre. Su mayor afición es despotricar del rival sin reconocerle un mérito y bajo cualquier pretexto. Da igual que Kichi se entretenga en colocar a otro amigote o que nos ofrezca un sermón cuya mayor virtud sea que no se alargó. La oposición siempre le arreará con el mismo desdén lineal. Y con idéntico afán, Kichi cargará contra aquélla, incluso cuando le ofrece la mano tendida. En las dictaduras se eliminaba directamente al que pensaba diferente. Ahora es casi peor porque se mata a pellizcos al rival, tuit a tuit, hasta que se pudra de asco. Por más que se pidan disculpas, se recetan veneno unos a otros hasta la eternidad. El objetivo es recaudar votos, antes que gestionar lo que tienen en sus manos. Si se centraran en esto último, algunos centros hospitalarios no enviarían a tanto profesional a casa tras cerrar las consultas, a la vez que se contrataba a gente sin experiencia en la zona Covid. La mediocridad es tan común al frente de la gestión, que "hasta el saber estorba", como sostiene el amigo Paco de la Rosa con su poderío en las tertulias del Terraza. Sólo así se explica que esté permitido emborracharse a cualquier hora en un bar, hasta en compañía de los niños, pero no se puede pasear cuando a uno le apetece. Aquí damos un aprobado con la facilidad con que torpedeamos al turismo con cuarentenas suicidas. Pedimos a los hoteles que abran, pero mantenemos las playas cerradas. Prohibimos las rebajas y mañana reculamos. El nivel del político medio es sobrecogedor, quizá porque no han hecho otra cosa que medrar. Como el de esos chiquillos que porfiaban a ver quién tenía un padre más preparado: el abogado, el médico, el empresario... 'Listo mi padre - terció un amigo-, que sacó adelante a la familia sin faltar un día a la peña, y el tuyo se levantaba a diario a las cinco'. La sociedad perdona al pícaro y al vago, al irresponsable y al cobarde, pero jamás al soberbio, ni al tonto. Como tampoco librará de su pasado a quienes permanezcan escondidos durante esta crisis.

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