Francisco Orgambides

Dos rincones perdidos en el casco antiguo

En 1956 cayó la capilla de los Blanco y se perdió la ocasión de recuperar la plazuela de la Cruz de la Madera

EN agosto de 1956, una de las tres puertas de la antigua villa, el Arco de los Blanco, sufría un derribo perdiendo la antigua capilla que era conocida también como de los Blanco, fundación canónica de la familia de ese nombre y en la que se veneraba a la Virgen de los Remedios.

Estaba muy dañada por la onda expansiva de la explosión de 1947, que destrozó el contiguo asilo de niños. Sobre el arco estaba la capilla, presidida por un modesto retablo que daba a la pared del barrio del Pópulo, con un cuadro de la virgen. Además del recinto amurallado de la antigua villa medieval, al crecer la ciudad contó con otras cinco puertas de las que solamente quedaba intacta la de la Caleta: se perdió la Puerta del Mar, también fue derriba la Puerta de Sevilla y la de San Carlos. La Puerta de Tierra permanecía aunque no intacta, con la fisonomía actual.

Sobre el Arco de los Blanco estaba, además de la capilla, la vivienda del beneficiado que nombraba el Cabildo Catedral como responsable de los cultos a la Virgen de los Remedios, culto que en aquellos años se había reducido a una novena anual por su festividad: el 8 de septiembre.

A la vez Bartolomé Llompart hacía un llamamiento para recuperar la plazuela de la Cruz de la Madera, al final de la calle Antonio López, por ello llamada también de la Cruz de la Madera, y que desde 1838 se había perdido por edificarse su solar. Lindaba con lo que hoy es museo junto a la tapia del huerto de San Francisco, hoy plaza de Mina. Al frente el Banco de España y al lado lo que fue antiguamente Cámara de Comercio, que pasó años más tarde al edificio del banco. Antonio López, además de Cruz de la Madera, también se llamó calle del Postigo Viejo del baluarte de San Felipe.

El edificio, que también se había derribado en ese año, fue dedicado a cuartel y albergó, a la Guardia Civil. Luego fue cuartel de la Guardia de Asalto y su último ocupante, antes del derribo, fue la Guardia Civil. Los intentos de Don Bartolo fueron vanos.

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