Editorial

Los retos del turismo andaluz

ANDALUCÍA recibe en este puente de la Ascensión la última gran avalancha turística del verano. Las cifras que se manejan hasta ahora invitan no sólo al optimismo sino directamente a la euforia. Los aeropuertos de la comunidad operarán casi 3.000 vuelos hasta el lunes, con un movimiento próximo al medio millón de viajeros. Tráfico estima un movimiento de 1,3 millones de vehículos en trayectos de largo recorrido por las carreteras de la región, con Sevilla, Málaga y Cádiz como las tres provincias que registrarán mayor circulación en esta fechas. La Confederación de Agencias de Viajes asegura que en algunas zonas del litoral, como la Costa del Sol, con el segmento de playa como principal oferta para los visitantes, los hoteles colgarán estos días el cartel de completo. La multitud de fiestas en torno al 15 de agosto también propicia las tradicionales escapadas. Las infraestructuras de transporte y el sector de servicios afrontan, por tanto, su examen más exigente. El punto de inflexión en una temporada alta que camina en dirección a superar todos los registros conocidos hasta ahora. La propia Junta de Andalucía calcula que los establecimientos hoteleros se beneficiarán de una ocupación media a lo largo del mes de un 76%, 4,5 puntos por encima de la que se alcanzó en la misma fecha del año pasado. Pero todo este cúmulo de buenas noticias no pueden inducir al engaño. La coyuntura geopolítica, con el terrorismo y las convulsiones internas en algunos países directamente competidores como Turquía han beneficiado al sector turístico español en general y el andaluz en particular. Por eso algunos empresarios admiten que el principal desafío en estas fechas es fidelizar a unos visitantes que acuden por primera vez o regresan tras algunos años de ausencia. La contención en los precios y la calidad de los servicios serán factores determinantes para conseguir ese propósito. Pero tampoco está de más aprovechar la extraordinaria coyuntura para abrir un debate de cara al futuro. El modelo de desarrollo turístico andaluz no se puede sustentar indebidamente en mejorar todos los años las cifras de crecimiento anterior. No sería sostenible. Tampoco, al albur de estas desconocidas puntas de demanda, debe optarse por el aumento sin control de la planta hotelera. El director general de Turismo y Planificación de la Costa del Sol ha puesto hace unos días en este periódico el dedo en la llaga. La estacionalidad que ahora se presenta como la principal asignatura pendiente, se originó por unos crecimientos nada planificados en la industria en los años 60 y 70, con otro boom similar al actual. El pasado puede ser muy útil para extraer las necesarias lecciones de cara al futuro.

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