Los relojes parados

De vez en cuando han venido altos dignatarios a regalarnos los oídos. Y todo resultó ser nada

En El Café del Correo, la tertulia televisiva que dirige y modera Fernando Santiago, hemos abordado de alguna manera lo que Pedro Ingelmo en nuestro Diario titulaba el domingo "Cádiz, diez años en el limbo". Suelo hablar de ese limbo de Pedro en términos de relojes, de relojes parados. De vez en cuando enumeramos los proyectos prometidos, el Cádiz varado. Es una larga lista. Exasperante. En la que no sólo está el Hospital que no ha sido, también otras obras digamos menores, como la Ciudad de la Justicia, o ese complejo educativo que abarcaría en un espacio bien estructurado todos los estadios educativos no universitarios, un proyecto extraordinario, un sueño otro. Tiempo Libre es algo que francamente nunca entendemos. Se trata de un lugar privilegiado, turísticamente hablando, el reloj parado que más da el cante en esta ciudad que tanto trabajo necesita. El solar de la antigua Radio Juventud, ahí sigue. Y el tren-tranvía doce años después. Es como Valcárcel, el edificio de los mil usos, el último de los cuales se quiere que sea Facultad de Ciencias de la Educación pero bueno, otro reloj parado. De vez en cuando han venido altos dignatarios gubernamentales para regalarnos los oídos. Y todo resultó ser nada. Como el castillo de San Sebastián, ¿recuerdan? Entonces algunos se preocupan de enredar, que debe ser muy divertido, pero no se arranca un tic-tac, o raramente se hace, como haber abierto el Colegio Mayor que ya no llevará el nombre de ningún beato. Digo que se allegan a San Juan de Dios o a la Plaza de España y el alcalde ahora o la ahora delegada del Gobierno de Andalucía en Cádiz actúan según ustedes ya me entienden. José María González es el último terminal de todo esto. Porque sabe que puestos en balanza dos corazones a un tiempo, su corazón no sería el más oneroso. El infierno son los otros, ya lo dijo alguien. O sea, la Junta de Andalucía y el Gobierno del Reino de España.Esté ocupado por quien esté ocupado. ¿Nos están ajustando las cuentas del soterramiento y el nuevo puente? Si es así, qué injusticia. Y qué truculencia confundir Cádiz ciudad con la provincia de Cádiz, en donde la galería de relojes parados sobrecoge. Como saben unos y otros que no se puede ir a robar a la cárcel, qué hablan entre ellos cuando nadie los ve, que dice Alejandro Sanz que se puede ser o no ser. Verdaderos, claro. Estamos en un limbo, lo dice Ingelmo. El limbo, si bien se mira, es un hallazgo ideológico extraordinario. Es Cádiz. Y su provincia. Ni mil palabras más.

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