Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

No soy racista, pero...

Los cadistas han descubierto el estado de derecho y la presunción de inocencia aunque crean que Antonio David es un maltratador

Lo canta la FRAC. Cuidado con gitanos, moros, negros y extranjeros (si son pobres), eso es España y, por supuesto, el fútbol donde hay, como en Matrix, dos realidades paralelas :por un lado está el deporte profesional donde los jugadores tan solo viven preocupados por sus contratos. No hay emociones ni adhesiones inquebrantables, hay el frío cálculo de intereses que incluye besar los escudos que hagan falta. En otro lado están los aficionados, que viven de la emotividad que provoca la adhesión a unos colores como si fuera una religión, donde la razón no existe , solo la fe. De esta gente viven los primeros, para ellos se montan los circos, las polémicas, los escándalos, los chiringuitos y los carruseles. Son los que mantienen el negocio, por mucho que se quejase Juan Cala. Son los espectadores del circo, los que llenan las gradas en su casa o en el estadio, los que oyen la radio, ven la tele, compran los periódicos deportivos (valga el oxímoron). Nadie quiere sesudos análisis, big data, estadísticas, quieren pedreroles, ronceros, sorias y otros de idéntica talla intelectual. Por eso los valencianistas han creído a Diakhaby y los cadistas a Juan Cala, cuestión de fe. Los valencianistas son de pronto defensores de la igualdad entre todos los seres humanos con independencia del color de su piel. Los cadistas han descubierto el estado de derecho y la presunción de inocencia aunque crean que Antonio David es un maltratador y hayan condenado a decenas por los ERE, Dina, Neurona, Gürtel, Púnica, Lezo o lo que convenga. No será necesaria la presunción de inocencia, ni con Ramoní, ni en el Caso Matadero, ni en el Caso Loreto, ni el renglón de Teófila en los papeles de Bárcenas. Todo el mundo tendrá una opinión concluyente al margen de lo que hayan dicho o puedan decir los tribunales. En el caso del partido del domingo, unos estarán convencidos de que Cala insultó a Diakhaby , otros dirán lo de "Juan Cala yo sí te creo", como algunas feministas con aquella hermana. A mí me ocurre que soy un descreído, no creo ni en mí mismo. No sé si lo dijo o lo dejó de decir. Entre otras cosas porque los futbolistas tienen esa ridícula norma de "lo que pasa en el campo queda en el campo", una ley del silencio que nos impide enterarnos de lo que se dice, más allá de lo que se oye con los estadios vacíos, como esa estupidez típica de tramposos, "el fútbol es de listos". Ni un solo jugador del Cádiz ha dicho " yo oí a Juan Cala decirlo" ni a uno del Valencia afirmar "es mentira, no dijo nada". Todos con sus intereses primero, por lo que nunca se sabrá la verdad, la Federación y la Liga contemporizarán, de aquí a nada el clásico generará otras polémicas para que no pare el espectáculo.

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