La esquina

josé / aguilar

No progresa adecuadamente

EL informe PISA, que no mide estrictamente los conocimientos en determinadas asignaturas, sino la destreza de los alumnos (si saben o no utilizar adecuadamente esos conocimientos), está condenado a arrastrar la misma suerte que todos los informes suscitan en la atravesada política española: división de opiniones y lecturas partidistas. Unos lo consideran un reflejo de la catástrofe del sistema educativo español y otros piensan que vamos por el buen camino, progresando y colocándonos al nivel de países que no han padecido los déficits históricos de España.

Cada fracción política se fija en lo que le interesa y destripa el dictamen trienal en función de sus intereses y prejuicios. De este modo se puede, desde la izquierda, resaltar que los resultados son buenos en cuestión de equidad social, y hasta aventurar que los recortes del Gobierno influyen negativamente en las aptitudes mostradas por los alumnos sometidos a las pruebas correspondientes; desde la derecha, por supuesto, el énfasis se pone en que invertir más dinero en enseñanza no garantiza automáticamente mejores resultados, y se blasona del ejemplo de Madrid, con un gasto educativo contenido y a la que el PISA 2012 presenta como comunidad aventajada, por encima de la media de la OCDE, gracias precisamente a las políticas del PP (más autonomía de los centros, más evaluaciones, bachillerato de excelencia).

Procurando acercarnos a la objetividad hay que decir lo siguiente: no estamos bien. Nuestros muchachos de 15 años, que son los evaluados, han mejorado levemente en comprensión lectora y competencia científica, pero se mantienen prácticamente estancados en competencia matemática. En los tres aspectos, por debajo de la media de las treinta y tantas naciones que componen la OCDE. Es decir, estancados en la parte baja de la tabla, aunque no lejos de países como Noruega o Italia. También conviene subrayar que los estudiantes punteros en PISA no pertenecen a territorios socialmente atractivos para vivir, sino a países de Asia donde las familias y los políticos han apostado nítidamente por la educación como inversión de futuro. Se la han tomado en serio, sencillamente.

Yo veo la botella medio vacía, la verdad. Creíamos estar formando a las generaciones más preparadas de nuestra historia y nos están saliendo mediocridades que no progresan adecuadamente.

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