Los cinco sentidos

Juan / Antonio / Micó

El primer vuelo

HOY es la primera vez que cojo un avión desde el trágico accidente de Barajas y no puedo disimular una cierta inquietud. Tal vez sean ideas mías, pero todo lo que me rodea parece diferente a otras ocasiones. La sala de espera está en silencio. Intento abstraerme leyendo la prensa pero en primera página veo grandes titulares y espeluznantes fotos del accidente. No puedo seguir leyendo. Miro el reloj, es hora de embarcar, lleva 5 minutos de retraso, solo 5 minutos y ya me pregunto qué pasará. Me muevo intranquilo de un lado para otro. Por fin llega el momento de subir al avión, no puedo quitarme de la cabeza el accidente, pienso que los fallecidos tan trágicamente hicieron un recorrido similar, me noto tenso, pero no me extraña. Tan pronto como me dispongo a subir al avión un asistente de vuelo me interrumpe el paso, - "no puede usted pasar todavía" - me dice - ninguna otra explicación, tampoco yo pregunto, no me atrevo. Vuelvo la cabeza y los otros viajeros me miran con cara de preocupación y espanto, no me extraña, yo también la tengo. El asistente nos permite subir, una azafata me da los buenos días, no sé si mi cara delata mi miedo, pero no me extrañaría. Busco mi asiento, me ajusto el cinturón y espero. Me pongo a pensar y me pregunto si mi asiento está cerca o lejos del de la superviviente del accidente o si es el mismo - "¡qué tonterías pienso!" - me digo a mi mismo, pero tampoco me extraño. Una señora se sienta a mi lado, me saluda tímidamente y no dice nada más, entrecruza sus manos y mira de soslayo a la azafata que le ofrece un periódico, lo coge, lo observa, ve las fotos de la catástrofe y se lo devuelve, no me extraña, todos los pasajeros han hecho lo mismo. El comandante de la nave pide disculpas por el retraso, nos desea un buen vuelo y anuncia el despegue. El avión comienza a rodar, me siento las piernas rígidas, la mandíbula encogida, no me conozco, pero no me extraña. El avión toma velocidad e inicia el despegue. La tierra se aleja, la ascensión continúa, absoluto silencio en la cabina, lógicamente no me extraña. La señora que viaja a mi lado me mira y me dice, "no vuelvo a subirme a un avión". No me extraña señora, le digo.

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