José De Mier Guerra /

La primavera y el turismo

Parece que a corto y medio plazo el único sector económico que tiene ciertas posibilidades de crecer, en cantidad y, desde luego en calidad, en la maltrecha economía chiclanera es la Industria Turística. Este sector, que tiene en nuestro municipio prácticamente la misma antigüedad que la viña y es anterior a la producción de sal, es de todos el que parece tener peor imagen para el ciudadano de Chiclana; a pesar de su tradición siempre ha ido acompañado de un concepto peyorativo de servilismo, que lo hace ser menos deseado que cualquier otro sector económico.

No obstante, el mayor problema que acompaña al turismo es su estacionalidad, su enorme dependencia de los meses de verano. Es la estacionalidad la que hay que combatir y la Administración la que tiene que ayudar para que las temporadas turísticas se puedan alargar por más tiempo del que signifique el uso de la playa en los meses vacacionales del verano.

En los siglos XVIII y XIX, a la Barrosa solo se iba en mayo y junio para presenciar la "pesca de atunes" que se realizaba desde la misma playa, como ya nos describe D. Antonio Ponz en 1790: "Dicha pesquería ha sido muy famosa, lucrativa y divertida en todas las edades… los hombres entran en el agua con garabatos y arpones de hierro. Los hieren en la cabeza o donde pueden hasta matarlos. Después los arrastran a tierra… Los hay tan grandes que para tirarlos se necesitan a veces diez hombres". Todos los historiadores y viajeros de esa época que han descrito algo sobre Chiclana, el citado D.Antonio, el barón de Bourgoing, el viajero y político Alexandre de Laborde, el conde de Maule, Leandro Fernandez de Moratín coinciden en que la estancia en Chiclana es especialmente agradable en primavera y en otoño. "Son días radiantes: se organizan tertulias; se rivaliza en opulencia, buen gusto y distinción; se conciertan sin cesar comilonas, bailes, fiestas, recitales de música y juegos; el bando femenino se esmera por aparecer elegante y el masculino, en medio de tanta francachela, se olvida de los negocios".

A pesar de que en algo ha podido incidir el cambio climático, aun hoy la primavera y el otoño siguen siendo estaciones de resultados muy agradables para la climatología de Chiclana. Muchos entienden que el verano turístico son los meses de junio, julio y agosto, que coinciden en muchos lugares con las vacaciones escolares. Bueno sería que pusiéramos en valor, como conjunto, la primavera turística chiclanera, sumando todas las atracciones de ocio, festejos, deportes, etc en un solo programa y preparando la ciudad no para la burguesía gaditana, como en el siglo XVIII, sino para la gran clase media de España y de Europa.

Nuestra "primavera turística chiclanera" debería comenzar en marzo, con la conmemoración de los acontecimientos de la Batalla, evocando a aquellos miles de europeos que participaron, pero festejando la paz y concordia actual de aquellas naciones que entonces se enfrentaban y hoy juegan, homenajean y se empeñan en buscar todo lo que les une. Incluso pueden plantearse enfrentamientos, ahora deportivos, de golf, futbol, boley-playa, etc. Terminaría este periodo con la Feria de San Antonio en junio, que debiéramos hacer más abierta y participativa a los turistas, sin perder la naturalidad y sencillez que caracteriza a nuestras fiestas. Entre una celebración y otra se pueden organizar infinidad de festejos, la fiesta de la tapa empieza a ser un acontecimiento popular; y siempre estará la Semana Santa, la de aquí y, desde aquí, la de toda la provincia; el circuito de motos de Jerez; y el gran número de ferias que en primavera celebran los pueblos cercanos.

Es cuestión de proponérselo, entre todos, no solo con voluntarismo sino aprovechando todos los medios de comunicación y marketing que tenemos en la actualidad, sin olvidar Internet.

Si hemos sabido por documentales sobre la mariposa monarca y su migración de EEUU a México, que un viento las trajo al Sur de España; y que, según los investigadores de la Universidad de Córdoba Diego Jordano y Juan Fernández, parece que este insecto de colores muy vivos y de hasta 10 centímetros de tamaño se ha asentado definitivamente en nuestra provincia, si esto ha ocurrido demuestra que todo es posible en turismo, siempre que no falte calor y buenos alimentos.

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