La esquina del gordo

Paco / Carrillo

Los políticos no son para el verano

Las bicicletas tampoco. Lo que se cuestiona es si estos seres arcangélicos sirven para alguna otra estación del año, si debieran ser como los tomates y los pimientos de antes, esos que se comían sólo en temporada y que ahora pueden comerse cualquier día del año aunque sea un aburrimiento. Hasta los manjares más exquisitos hartan si se repiten. Y este es el caso.

Virtualmente todos son temporeros, o sea, todos tienen contrato a tiempo parcial aunque ellos mismos se encarguen de prolongarlos hasta la nausea. Por esta razón y sus muchas triquiñuelas el contribuyente que no sabe distinguir entre la mayoría electoral de la mayoría social, resulta más súbdito que nunca, casi siervo de la gleba, intranquilo siempre no vaya algún lumbreras con escaño a salir por peteneras, como ha salido la chochitonta de la alcaldesa de Madrid, señora Carmena, con eso de los jurados vecinales, aborto infumable que se ha cargado la leal oposición.

Uno, en su provincialismo, no ha podido evitar trasladar la chorrada a su entorno más próximo y, palabra, le han entrado hasta calambres. Pensar que en mi barriada pudiera haber un jurado compuesto por los vecinos, incapaces siquiera de impedir las cacas de los perros y la mala educación de sus dueños, la verdad, es para echarse a temblar, sobre todo por cuanto está demostrado que las asociaciones vecinales, -que bien debieran ser el germen de la sociedad civil, tan necesaria-, son políticos in péctore de izquierdas o de derechas según sea su circunscripción; es decir, la moderna reserva espiritual de occidente.

Pero en España, señora condesa, llevamos un tiempo que ni en verano se descansa. Antes, cuando el Pazo de Meirás y el yate Azor, se nombraba un ministro de jornada y los demás desaparecían. En esto radicaba el descanso anual del proletariado y la certeza de que no todo en la vida era inexorable. Pero ahora, no; ahora, si no quieres caldo, tres tazas y una hirviendo, y lo peor que no por ser más "jartibles" son más eficaces; sólo con pensar que la señá Rita, la oronda valenciana, ha estado cobrando, al menos, 5.000 euros mensuales por acudir tres veces al Senado en toda la legislatura anterior… Pero, bueno, ¿y los desconocidos que cobran más por hacer menos? Lo dicho, los contribuyentes tenemos derecho a que se nos conceda un descanso y qué mejor que durante la canícula, que es la estación de los pobres.

Este verano, para mayor inri, con esto de las investiduras y los noes condicionados por la defensa insana de sus sillones, no habrá día que no venga con su sinvivir a pesar de que no sirva para que, de una vez, seamos capaces de comprender de qué va la cosa, es decir, que sus vanidades e intereses están por encima de todos y que las ideologías son paparruchas en las que solo creen los desengañados.

Lo están diciendo hasta los próceres socialistas, incluidos los de los Gal, que ya es decir. Pero los que no se resignan, ahí siguen, inasequibles al desaliento y sin reconocer su fracaso en las urnas; como si estar en la oposición no fuera suficiente para establecer los equilibrios necesarios. Claro que por eso digo que los políticos no son para el verano, aunque si todos, como se ve, siguen a la misma altura, ni para el verano, ni para el invierno… Y la solución es mudarse de país.

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