El poder de los extremos

Emmanuel Macron y Manuel Valls no pactan en Francia con el Frente Nacional porque el sistema es diferente

Una característica de la sociedad actual es la hipocresía como forma de vida. La política española es uno de sus mayores exponentes. Utilizan las apariencias como normas de conducta, de modo que lo importante no es el ser, sino el parecer. En los pactos para el Gobierno, las autonomías y los ayuntamientos tenemos un gran ejemplo. Cada partido hace lo que le conviene, allá donde puede. Sin embargo, con la complicidad de sus grupos mediáticos de presión, intentan machacar a los rivales cuando hacen lo mismo. Es sarcástico que digan lo contrario de lo que decían. Pero lo más pintoresco es el trato que dan a Vox y a Podemos.

Es sabido que se considera a Vox de extrema derecha y a Podemos de extrema izquierda, por su ubicación en el mapa político. También se sabe que las ideas maximalistas de Vox tienen aspectos colindantes con las derechas autoritarias y radicales de otros países europeos, igual que las ideas maximalistas de Podemos tienen aspectos colindantes con las izquierdas autoritarias y comunistas de Cuba o Venezuela. No obstante, se sabe igualmente que a día de hoy Santiago Abascal no se va a comportar como Hitler, ni Pablo Iglesias como Stalin. Aunque no se sabe si se adaptarían al sistema europeo, en caso de llegar al Gobierno con mayorías absolutas.

En el actual mapa político, los partidos del centro derecha y el centro izquierda han pactado con sus extremos. El caso del PSOE es peor, ya que incluso buscan acuerdos con los independentistas de ERC y los pro etarras de Bildu. Por la ambición de poder, y por los resultados que salieron de las urnas. ¡Ojo! El poder de los extremos se lo han concedido los votantes extremos, que acabaron con el bipartidismo.

La solución para evitar que el PSOE necesite el apoyo de Podemos hubiera sido que los socialistas ganaran con más de 160 escaños, para lo que les faltan demasiados. ¿Y qué hacen? Los buscan por su extremo izquierdo. En vez de ofrecer acuerdos a PP y Cs, cuyos votos reclaman gratis y por la cara. Y, por el otro lado, para no hacer el don Tancredo, el PP y Ciudadanos (que son los dos partidos de un centro derecha dividido) necesitan el apoyo del extremo derecho para cuadrar mayorías, allá donde suman.

Esto no lo entienden Emmanuel Macron y Manuel Valls, que no pactan en Francia con el Frente Nacional, de Marine Le Pen, por un motivo: tienen un sistema diferente, presidencial y con dobles vueltas. Si tuvieran la misma ley electoral de España, puede que también pactaran con sus extremos.

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