Una pica en Flandes

Los partidos no han contribuido tampoco a que valoremos la importancia de tener una voz propia

E S una pena que ningún partido, especialmente de los más hispánicos, haya aprovechado el eslogan que propuse en las redes sociales para estas europeas: «Pon una pica en Flandes». Creo que hubiese despertado al barroco que todos llevamos dentro. Lo cual, voto a bríos, nos hubiese animado a votar con más ímpetu. Este ánimo hace falta porque, tras tantas elecciones y campañas electorales eternas y encadenadas unas con otras, empieza a sentirse un cansancio como de veterano de los Tercios Viejos después de haber hecho el camino español a marchas forzadas.

Por otro lado, nos recordaría la importancia de estas votaciones. Para un español centralista, como es mi caso, no deja de ser una esperanza ver que para tantos hay una diferencia cualitativa entre las elecciones para presidente del Gobierno en Madrid, y el resto de las elecciones, ya sean municipales, autonómicas o europeas, que parecen de segunda división. Incluso en las regiones de España con más sentimiento nacionalista, el pueblo soberano sigue diciendo, levantando el dedo índice de participación, que la soberanía de España reside en el Parlamento.

Como lo cortés no quita lo valiente, después de celebrar esta querencia unitaria, hay que recordar que no se corresponde con la realidad. Muchísimos asuntos de vital importancia (Educación y Sanidad, nada menos) están en las manos de las comunidades autónomas, los Ayuntamientos manejan cuestiones que nos afectan cotidianamente y en Europa se juegan los grandes temas políticos, las macro decisiones económicas y profundos asuntos culturales e ideológicos. Hasta ahora, los partidos españoles, haciendo un seguimiento dócil de las políticas comunes, no han contribuido tampoco a que valoremos la importancia de tener en Europa una voz propia y activa, capaz de decir esta boca es mía. Pero objetivamente es de vital importancia.

Así que está muy bien que no vivamos esta noche electoral con la pasión deportiva de unas elecciones generales, aunque varios partidos políticos se la juegan de verdad. Está bien que la pasión se nos haya gastado un poco de tanto usarla. Y está bien que estemos más preocupados por el nuevo Gobierno de Sánchez (e Iglesias). Pero no dejemos de votar, porque nos jugamos muchísimo, incluso, ojo, los límites jurídicos, políticos, económicos y fiscales que se exijan o no a este nuevo Gobierno. Pongamos, por la cuenta que nos trae, nuestra pica en Flandes.

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