Cuando nombraron a Joaquín Marín director general de la Radio Televisión de Andalucía en 1994, el único elegido en 30 años por consenso de todos los grupos políticos del Parlamento andaluz, hizo unas declaraciones excepcionales a una agencia. Le habían preguntado por los informativos, criticados por ser la voz de su amo, y él respondió con desenfado y seguridad: "Hasta ahora había un partido contento y todos los demás cabreados. Eso se ha terminado; a partir de ahora, todos cabreados". Joaquín murió el jueves. En la despedida, ha sido unánime el reconocimiento a su prestigio profesional.

Cumplió. Bajo la dirección de José Aguilar los informativos de Canal Sur vivieron entre 1994 y 1996 sus mejores momentos de libertad y pluralismo de su historia. La durísima campaña electoral del 96, con encuestas que daban ganador a Javier Arenas, atemorizó al estado mayor socialista y Chaves se resistía a hacer un debate. O, más bien, se negaba. Los informativos por primera vez no atendieron a un minutado preciso de asignación de tiempos en función de los escaños.

Al final, el debate se celebró; fue el primero a cuatro: Pacheco, Rejón, Arenas… y Chaves, que resultó claro ganador. Con la finura que le caracterizaba, Marín le reprochó al presidente las reticencias. Con "todos cabreados", nadie se incomodó con su cese posterior. La maquinaria del PSOE sustituyó a aquel equipo por otro monocolor de militantes. Y al poco, se inauguró una práctica perversa, según la cual el director de Informativos era conveniente que fuese de la misma provincia que el consejero de Presidencia. Alguien de entera confianza.

Marín había liderado en 1984 la privatización del diario SUR, que pasó a manos de los trabajadores, con una variada presencia de la sociedad civil malagueña en el accionariado. Dirigía el diario desde el 82 y en el 87 -y esto es poco conocido- se planteó sacar una edición sevillana, con la misma o distinta cabecera. Finalmente descartó la idea. Encajó con la misma elegancia sus muchos triunfos y sus desventuras, alguna de gran calibre. Pasó unos años malos tras su cese en la RTVA. Lo contaba; el teléfono dejó de sonar y eran contados los amigos que se interesaban por él. Pero se rehízo; fundó La Opinión de Málaga, que dirigió en dos etapas diferentes.

Un tipo excepcional no sólo deja recuerdo de su talento: una visión general y periférica de Andalucía, una admirable labor profesional durante la transición o un liderazgo empresarial fuera de lo común. Queda su ejemplo. Ha muerto un periodista singular.

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