Diego Joly /

La penúltima y nos vamos...

El martes Santo de un rico comerciante de San Fernando, su amigo, el tren y una larga jornada de bares, en 1875

Apropósito de los trenes especiales a San Fernando, Diario de Cádiz recuerda un simpático acontecimiento de un rico de la Isla. Allá por 1875 vivía en San Fernando un acaudalado comerciante de grano, harina y legumbres que por asuntos de trabajo viajaba con frecuencia a Cádiz. Era muy generoso y no le importaba gastarse una onza de oro cuando era necesario, sobre todo en las tiendas de vinos. El martes Santo de ese año vino a Cádiz con un amigo con la intención de regresar en el último tren hacia San Fernando, en el de las siete y media de la tarde. Cuando pasaron por la plaza de San Juan de Dios, el amigo le insistía que tenían el tiempo justo, pero este le contestaba inalterable "tranquilo, tenemos tiempo. Vamos a tomarnos la última". Camino a la estación se detuvieron en todos los bares a empinar el codo, oyendo desde uno la señal de partida de tren, dejándolos en tierra. El amigo se desesperó porque le causaba un gran inconveniente quedarse en la capital, cuando nuestro personaje le detuvo y le dijo "tómese el último vaso y vamos a la estación, verá usted como todavía no se ha ido". En efecto, entraron en la estación y se dirigieron al jefe Bobadilla y le preguntó "¿Cuánto cuesta un tren especial de aquí a San Fernando?" "Veintiocho duro", contestó el jefe de la estación. "Como estos", poniendo sobre la mesa seis centones isabelinos. "Mande usted poner uno inmediatamente para mi colega y un servidor". Y encarándose con el amigo, añadió "ves como el tren no se había marchado". Desde Cádiz se telegrafió a la Isla que salía un tren especial. El jefe de San Fernando, sin saber quién viajaba en él, se lo comunicó a las autoridades, que se personaron en la estación a recibir a estos ilustres cañaillas.

La llegada se la puede imaginar el lector.

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