Yo te digo mi verdad

Haya paz

Hacer de la Villa y Corte un nuevo frente bélico es algo que no se merece ese trozo de España

QUE recen los creyentes y que suspiren los que no lo son para que la guerra de Madrid acabe hoy mismo, por que las urnas pongan fin a más de un mes de disparates y bromas, algunas más que macabras, a costa de la gente de la capital y de todo el país. Que alguien en alguna de las alturas oiga los deseos de lo que yo quiero creer mayoría, es decir la gente que no piensa ni un momento que la libertad o la democracia se estén jugando en unas elecciones autónomas convocadas con cálculo demoscópico, los que no gritan que Iglesias es el mal ni Ayuso la elegida para abrir la puerta a un nuevo holocausto. Y que haya paz.

Quisiera desear a mis muchos amigos madrileños que después de este cuatro de mayo la calma vuelva a una de las ciudades más acogedoras, plurales y alegres del mundo (sí, ya sé que las elecciones son de toda la comunidad, pero Madrid es mucho Madrid) y que confíen en que será así. Ellos ya saben, como yo, que Ayuso no inventó las cañas ni las tabernas madrileñas, y que sus inigualables tardes de mayo son así desde hace siglos.

Hacer de la Villa y Corte un nuevo frente bélico es algo que no se merece ese trozo de España tan livianamente reducido por muchos a representación de todos los males, siendo como es en realidad el lugar en el que todos se sienten a gusto. Excluir, reducir, acordonar o apresar son verbos que representan otros tiempos que nadie debería querer repetir. No se trata de un nuevo "evitar que caiga Madrid" en manos fascistas, no está en juego la libertad ni hay un soviet amenazante como una espada de Lenin. Por cierto, que alguien debería recordar a algunos del PP que los comunistas españoles estuvieron entre quienes más lucharon por la democracia mientras que los padres políticos de los 'populares' eran ministros de Franco.

Ganarán quienes la voluntad del pueblo quiera que lo hagan, tal como no acertó a decir Rajoy en su famoso trabalenguas, y para entonces, si alguien tiene dudas sobre las credenciales democráticas de Ayuso o de las increíbles de Vox se encontrará con que los votos de los madrileños los han investido de toda legitimidad, y con esa misma habrá que combatirlos, poner en contradicción, dialogar o acordar según toque. Pasma que tal obviedad pueda caer víctima de palabras desaforadas y ambiciones fuera de madre. Da igual: Madrid sobrevivirá, como siempre.

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