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Una paz necesaria

¡Qué difícil va a ser encontrar una salida factible a esta guerra injusta que jamás debió comenzarse!

Es una vieja constatación, respaldada por la experiencia histórica, que un país rico, pero carente de músculo y espíritu militares, acaba siendo víctima de la codicia de sus vecinos. Ni tan siquiera la astucia política, y una refinada diplomacia a su servicio, pueden evitar, aunque sí demorar, el desenlace. Es posible que España acabe siendo un buen ejemplo de ello, pues entre nosotros no parece existir, desde hace demasiados años, ninguna de las condiciones que impiden o retrasan un destino que empieza a parecer demasiado evidente.

Pero es cierto también que un gigante militar, sin la necesaria potencia económica que lo sustente y sin el desarrollo social que lo atempere, estará abocado al aventurerismo político y a la tentación belicista. Es Rusia un caso palmario de tales desequilibrios y a nadie puede extrañar que, mediante el uso de la fuerza, lleve años intentando mantener un expansionismo al que no puede renunciar sin comprometer lo que ha sido su esencia, bajo cualquier régimen, desde el siglo XVIII. Ucrania empieza a ser la némesis hodierna llamada a castigar tanta desmesura.

Sin dotes para la profecía, acerté a escribir aquí el 3 de marzo pasado, cuando casi todos cifraban en horas la caída de Kiev: "Si Occidente está dispuesto a sostener con armas y dinero a la resistencia ucraniana, puede romper los dientes a Vladimir Putin sin necesidad de poner un hombre en el terreno". Me basaba en el tamaño y población de Ucrania, en la relativa entidad de sus fuerzas armadas y en el hecho de constituir una nación y estado jóvenes, capaces de suscitar la fiebre patriótica de sus ciudadanos. También me atrevía a advertir de las enormes consecuencias que algo así podía tener, dentro y fuera de Rusia, incluso sin pensar en lo que ya es inevitable pensar: en la tentación nuclear que puede convertir en anecdóticos los sufrimientos y destrucciones soportados hasta el presente.

¿Es posible que Putin y Zelenski conserven el mínimo de cordura que les permita comprender la necesidad de acordar un inmediato alto el fuego que permita negociar una paz duradera? En ambos bandos existen instigadores de la guerra hasta una victoria total que se nos antoja imposible sin pérdidas aún incalculables; no faltan quienes ven en todo esto la oportunidad de acabar con Putin y reducir a Rusia a la impotencia. ¡Qué difícil va a ser encontrar una salida factible a esta guerra injusta que jamás debió comenzarse!

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