Antes lo digo, antes se produce el pacto de la educación. Escribí hace una semana: "O no se llegará jamás a nada o se firmará algo en lo que el PP haga dejación de los mínimos postulados que ha defendido hasta ahora para adornarse con un acuerdo. Si hubiese que apostar, yo lo haría por la dejación. El PP necesita firmar muchos pactos para sacar adelante la legislatura y para Rajoy la economía es lo primero, lo único, etc. Tendrá la tentación, por tanto, de ceder en educación, en cultura y en principios y valores a cambio de apoyo en materias sustanciosas, como subir impuestos y recortar gastos. Encima, el pluriempleado ministro Méndez de Vigo tiene particular interés en fortalecer su perfil dialogante de portavoz del Gobierno".

Disculpen la autocita, pero lo que era apuesta, devino profecía y ha terminado en descripción. Ya han renunciado a las reválidas, que era lo mollar de la ley Wert, en cuanto que remitía al esfuerzo y a la evaluación. Sin reválidas, sólo quedará rebañar, por aquí menos libertad a los padres y por allá más transversalidad y eso. Una reforma en serio no será posible.

La velocidad del acuerdo y, sobre todo, la facilidad indolora con la que se ha alcanzado lo demuestran. Méndez de Vigo habrá negociado tarareando la vieja canción de Alaska: "Pactando./Me paso el día pactando./ Pacto todo el día,/ con o sin compañía./ Tengo el cuerpo muy mal,/ pero una gran vida social..." Que ése es el espíritu lo confirma la afirmación del ministro de que "lo que importa, sobre todo, es que los alumnos sean felices". Lo que preocupa de verdad se negociará más tarde y a cara de perro, con tensión y reservas y renuencias a las renuncias. En educación, el acuerdo no ha sido el medio, sino el fin, y ya está.

No hay decepción, pues hace tiempo sabíamos que la LOMCE estaba perdida. Lo anunciaban las leyes educativas de Cristina Cifuentes, punta de lanza del nuevo PP, tan orientadas a la ideologización socialdemócrata y a la ingeniería de género. El gran pacto por la educación tendrá, pues, mucho más de pacto que de educación. Será la autocelebración de la capacidad de firmar acuerdos, aunque sean para ir "la coctelera agitando". La educación seguirá idéntica, porque no requería consensos políticos, sino un revulsivo de fondo. Ya que he cogido carrerilla como profeta, auguro que tendremos una foto preciosa del acuerdo; y que nuestros índices educativos no mejorarán.

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