La papa lacia

La papa a medio freír siempre ha sido una papa maltratada, alejada de la belleza frituosa, no acorde con el canon

Las papas fritas son una de mis debilidades...quizás sea por mi condición de papa frita permanente. Siempre se ha pensado que la papa frita perfecta es aquella que está tiernecita por dentro, pero no arenosa, y crujiente por fuera. Con un huevo frito al lao, de esos de yema más cremosa que una salsa de cazón en amarillo, te conduce a un nirvana gastronómico, que se diferencia del nirvana de los indios, en que es rebañable.

Soy partidario de la papa frita a la que llaman, no sé muy bien por qué, bastón, las que son entrelargas. Nunca me he apoyado en una papa frita para andar, la verdad. No me gustan las papas demasiado grandes. Me seducen menos las papas redondas y las de "acuadritos" son más de tortilla, pero no me sulibellan si acompañan a un bisté. Por cierto cuanto tiempo hace que no te comes un bisté con papas?...lo has pensado. Deberías reflexionar sobre ello.

El bisté es un fenómeno fileteable practicamente en vías de extinción. Ya todo es entrecó o solomillo. El mundo lo quiere todo más gordo y además con apellido. Ya si una carne no lleva apellido de buena familia: los retintos, los frisones, los rubios gallegos, ya no sirve ni para rellenar flamenquines.

Pero volvamos a la papa. Ultimamente me estoy aficionando mucho a la papa lacia, a esa papa que está a medio freir. Siempre ha sido una papa maltratada, alejada de la belleza frituosa, no acorde con el canon de la perfección papera. Sin embargo, ahora que me hago mayor, la defiendo más que nunca. Una papa lacia "metía" en una salsa de atún encebollao, que se chupa ella sola litro y medio de caldo es una delicia para el paladar y, además, contribuye a que engordes menos, porque no tienes que emplear pan para rebañar, porque la papa succionadora ha terminado con toda la salsa.

No margines a la papa lacia. Dejalá expresarse en su salsa, sobre todo si viene bañada en un guiso de rabo de toro o de carrillada de ternera. En cuestión de papas debemos volvernos más tolerantes. En el canon de la belleza papística nos hemos dejado influenciar por las modas y ya es hora de no marginar a ningún tipo de papa. Bueno a la papa esa que ya salido ahora morada...no sé si marginarla. Ha llegado el momento de dar un paso adelante en la vida "papafrita" y atreverse a defender la papa lacia, la papa cocinada a fuego lento, la que no está cucurruíta, siempre que sea también una papa "piscinera" es decir que se esté bañando en una salsa. La tolerancia también debe llegar al terreno de la papa. No se puede defender un solo modelo. No a la globalización de la papa frita. ¡Libertad papal!

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