La esquina

¿Y esto quién lo paga?

Aunque coincidan en muchas cosas, cada comunidad autónoma tiene unas características propias. Las hay ricas y las hay pobres, pobladas y despobladas, extensas y reducidas, envejecidas y juveniles, con más inmigrantes y con menos... Por eso es tan difícil dar con un sistema de financiación autonómica que satisfaga a todas. En realidad, debemos conformarnos con que todas cedan algo para seguir conviviendo o, al menos, conllevándose.

A veces se compara la relación entre el Estado y las autonomías en materia financiera con el compartimiento de una manta común: si alguna autonomía tira demasiado de la manta hacia sí, otras se quedan al relente, y si tiran todas, la manta (el Estado) se rompe. Para evitar esto ha de actuar el Gobierno, como máxima representación del Estado, velando por el interés general y mediando en los conflictos entre unas y otras.

Bueno, eso era hasta ahora. También aquí ha innovado Zapatero. Se ha ido reuniendo con los presidentes de todas las nacionalidades y regiones que componen España -aunque puso buen cuidado en recibir primero a Montilla y a Chaves- y ha tenido con ellos un detallazo: le ha dicho a cada uno lo que quería oír. De ahí que prácticamente todos hayan salido de la Moncloa sonrientes y contentos de ver acogidas sus reivindicaciones.

Empezó, Zapatero, comprometiéndose a crear dos fondos (de servicios públicos y suficiencia), a los que sumó también uno de competitividad y otro de cooperación. Con ellos se beneficiaba a todas las comunidades. Unas, por el aumento de su población; otras, por su baja renta per cápita; las de más acá, por recibir una financiación por debajo de la media, y las de más allá, por su menor riqueza. Cuando parecía que todo el espectro autonómico estaba cubierto por la magnanimidad del Gobierno, llegaron los presidentes de Asturias, Castilla y León, y Aragón. Como su especificidad es que son regiones despobladas, Zapatero arbitró un nuevo fondo, precisamente destinado a favorecer la repoblación. Ya son cinco fondos. ¡Será por fondos!

ZP ha querido desactivar el conflicto territorial y político que siempre supone la negociación de la financiación autonómica y ha creído encontrar una fórmula mágica con dos ingredientes que se complementan: aceptar los criterios de todos, aunque sean contradictorios entre sí, y hacer que todas las comunidades obtengan más recursos, cuantitativamente, que con el sistema anterior. Ahora bien, si todas ganan, o el Estado enflaquece a favor de las regiones, debilitando su imprescindible tarea de cohesionar la nación (española), o se endeuda para hacer frente a las necesidades sobrevenidas de la periferia. Y endeudarse quiere decir aumentar los impuestos en años venideros o a generaciones futuras. La gran pregunta es: ¿y esto quién lo paga?

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